Aunque en Rusia muchos ven a Biden como una amenaza ya que podría volver a establecer sanciones económicas contra Moscú por diversas cuestiones, por ejemplo la intervención de las elecciones en 2016. Aunque tal vez ya es historia para Biden que en realidad tiene muchos más problemas que resolver dentro del país teniendo en cuenta que en política exterior Trump deja muchas cosas ordenadas. Empezando por los acuerdos en Medio Oriente y la normalización de relaciones con Rusia. Aunque con Biden todo es misterio empezando porque no dio pistas sobre su Secretario de Estado.
A su vez, Biden quien tiene experiencia en política exterior por su tiempo como vicepresidente de Barack Obama, podría llegar con el proyecto de organizar las relaciones con Rusia. A pesar de que eso signifique posibles sanciones y barreras, también dejaría de lado el ver al mundo como un patio de juegos y sentarse a discutir con las otras potencias el lugar que cada uno ocupa en el mundo. Esto teniendo en cuenta que ni Xi ni Putin van a dejar de lado sus planes de crecimiento.
Más allá del resultado, lo que aseguran muchos analistas como Peter Kammerer en su columna del South China Morning Post, es que la gran victoria de China y Rusia fue el fracaso de la democracia norteamericana. Estados Unidos siempre se presenta a sí mismo ante el mundo como el padre de la democracia y de la república, aunque esta elección demostró totalmente lo contrario. El contexto en cuestión hubiese sido inaceptable para los Padres Fundadores: un presidente pidiendo que se dejen de contar votos que la población emitió y acusando de fraude, mientras la población dividida protesta para que cuenten y para que dejen de contar los votos.
Y por supuesto la elección fue la gota que rebalsó el vaso de 4 años de Donald Trump y un 2020 caótico que vio a Estados Unidos girar la cabeza ante una pandemia mundial, hundirse en una crisis económica y protestar en las calles contra el racismo y las constantes muertes a manos de la violencia policial. Aunque la democracia norteamericana ya era un bastión débil desde la elección de 2002 entre Al Gore y George W. Bush.