Aunque en tanto, los líderes de Irán están intentando seguir la misma línea que Wuhan en China, solamente que en este caso nunca se registró hasta el momento una baja en contagiados y fallecidos. Así es, los mismos quieren volver a reactivar la sociedad y poder destrabar la economía aunque claro esto pondría en peligro a todo el trabajo realizado hasta el momento. "Algunas personas necesitan salir para producción, transporte y otras necesidades", dijo el mandatario Rouhani.
Claro que esto es una situación a la cuál se enfrentan todos los países, desde Donald Trump hasta Alberto Fernández en Argentina y Xi Jinping en China: nadie quiere tirar por la borda el año de productividad económica y en el caso de Trump, ni puede hacerlo teniendo en cuenta que en noviembre los ciudadanos tendrán que presentarse a elegir si lo quieren como presidente otra vez o no. Sin embargo, la diferencia con Irán es que ellos además reciben sanciones constantes de los gigantes como Estados Unidos, en consecuencia, un pedido al FMI es prácticamente un suicidio.
En consecuencia, Irán pide apoyo a los demás países en una posible votación del FMI apelando al racismo y al hecho de que el no ayudar a un país en gran crisis es un "crímen de lesa humanidad". Claro que la única esperanza del régimen iraní es que China, Rusia y la Unión Europea salgan a su rescate en una eventual votación, algunos de los que tienen peso casi igual que la Casa Blanca.
A esto por supuesto se le suma que hace algunas semanas, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos decidió poner en la lista negra a nuevas empresas y figuras de Irán e Irák por supuestamente apoyar a grupos terroristas, esta fue la última ronda de la semana después de una ola de sanciones.