La semana de reducción de violencia implica que el Talibán, USA y las fuerzas alineadas con el gobierno afgano cesen todas las operaciones ofensivas.
El prospecto es difícil: el domingo pasado, mientras ya estaba rigiendo una tregua parcial, 5 soldados afganos murieron en un ataque de los talibanes contra su base en el norte de Afganistán.
"Los negociadores estadounidenses en Doha han llegado a un entendimiento con el Talibán sobre una reducción significativa de la violencia en todo Afganistán", dijo Pompeo en un comunicado el viernes 21/2. "Tras una implementación exitosa de este entendimiento, le seguiría la firma de un acuerdo USA-Talibán. Estamos preparándonos para que la firma tenga lugar el 29/2."
El Talibán dijo que "ambas partes crearán ahora una situación adecuada de seguridad de cara a la fecha de firma del acuerdo, extendiendo invitaciones a altos representantes de varios países y organizaciones para participar en la cermonia de la firma, hacer arreglos para la liberación de prisioneros" y prepararse para las negociaciones intra-afganas.
Recordemos que hasta hace poco, el Talibán se negaba a negociar con el gobierno afgano apoyado por USA, lo que era principal obstáculo en las negociaciones.
Si prospera el acuerdo, se abre una nueva e incierta etapa para el país. El gobierno afgano lanzaría entonces su propia ronda de negociaciones con el Talibán.
El presidente afgano, Ashraf Ghani, anunció que armaría un equipo negociador. Pero la política afgana está profundamente dividida: tras las elecciones que tuvieron lugar en septiembre, tanto Ghani como su principal rival, Abdullah Abdullah, se declararon victoriosos.
Esta semana, la Comisión Electoral Independiente de Afgnanistán (IEC) dijo que Ghani fue quien ganó, pero Abdullah considera el tirunfo ilegal y dijo que armará un gobierno paralelo. Esto complicaría aún más una tregua con los talibanes.