Este fenómeno se traduce en un aumento de la brecha estimada entre la totalidad de nuestros años y aquellos vividos en un estado de bienestar, que pasó de 10,8 a 12,7 años en promedio.
De acuerdo con el análisis, los profesionales de la medicina y la investigación emplean un término específico para referirse al lapso de años que pasamos en un estado de salud óptima: la esperanza de vida. Aunque las definiciones de este concepto pueden fluctuar, una forma sencilla de concebirlo es como la duración de los años en los que experimentamos bienestar.
La diferencia entre la expectativa de vida y la esperanza de vida en Estados Unidos está experimentando un notable aumento, según señalan demógrafos e investigadores especializados en el envejecimiento. Datos provenientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades indican que la expectativa de vida en Estados Unidos aumentó significativamente, pasando de aproximadamente 49 años a casi 77 desde los albores hasta el cierre del siglo XX. Aunque se redujo en los últimos años, en parte debido a la pandemia, ha experimentado una ligera recuperación, según reportes de los CDC.
“Cuantos más años envejecemos, más oportunidades tenemos de desarrollar una o más afecciones relacionadas con la edad, una consecuencia del éxito, no del fracaso”, sostiene S. Jay Olshansky, investigador especializado en el envejecimiento y profesor de salud pública en la Universidad de Illinois en Chicago.
"Vivimos más y mejor, incluso si la duración de la vida con enfermedades aumentó", expone Eileen Crimmins, catedrática de gerontología en la Universidad del Sur de California.
No obstante, es crucial considerar que las opiniones no son uniformes. En el caso de numerosos pacientes con afecciones cardíacas, su interrogante primordial acerca del tratamiento no se centra en sí, prolongará su existencia, si no en sí facilitará la continuación de actividades que les resultan placenteras.
"No queremos vivir hasta los 100 años si los últimos 20 años los pasamos en un asilo de ancianos o lidiando con demencia o alguna otra enfermedad crónica", dice el Dr. Zaldy Tan, quien dirige el Programa de Memoria y Envejecimiento en Cedars-Sinai. Sistema de Salud en Los Ángeles. "No queremos vivir hasta los 100 años si los últimos 20 años los pasamos en un asilo de ancianos o lidiando con demencia o alguna otra enfermedad crónica", dice el Dr. Zaldy Tan, quien dirige el Programa de Memoria y Envejecimiento en Cedars-Sinai. Sistema de Salud en Los Ángeles.
Es por ello que, según indican los expertos en salud, Estados Unidos desempeña una labor menos eficaz en asegurar el acceso a la atención médica preventiva y a pruebas de detección en comparación con muchas otras naciones desarrolladas. Pese a que destina considerables recursos a intervenciones al final de la vida que disminuyen las tasas de mortalidad por enfermedades, no presta igual atención a la prevención de las propias enfermedades, según apunta Belsky de Columbia.
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