La mayoría de los israelíes no se merece esta condena. Tampoco la excelente cantante que es Eden Golan. Pero ya no se trata de las universidades estadounidenses sino de una metrópolis escandinava en un concurso de alcance global.
La Unión Europea de Radiodifusión (UER) defendió la presencia de Israel e insistió en que el concurso no es político pero ¿por qué, entonces, excluyó en su momento a Rusia de la competencia? -lo dijo la irlandesa Bambie Thug a CNN-.
La respuesta: Moroccanoil, la empresa patrocinadora del concurso, es israelí.
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Artistas, emisoras y fanáticos se enfrentaron por la presencia de la cantante israelí Eden Golan, abucheada por algunos miembros de la multitud durante su actuación, mientras que algunos le dieron la espalda o abandonaron la arena.
Eden Golan recibe flores y vítores mientras recibe una bienvenida de héroe cuando aterriza de regreso en Israel. La cantante terminó anoche en un impresionante quinto lugar durante la final de Eurovisión y recibió la segunda mayor votación del público.
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El concursante neerlandés Joost Klein fue expulsado de la final. La UER ofreció pocos detalles pero los fanáticos estaban furiosos, y dieron otro abucheo a la UER.
El Orden Mundial
Por ese motivo es oportuno reproducir el texto de Álvaro Merino:
Para Israel, Eurovisión es mucho más que un simple festival de música. Se trata de una puerta directa a los hogares de sus socios occidentales, un medio de propaganda privilegiado para proyectar una imagen de tolerancia, modernidad y apertura. No es de extrañar por tanto que el país hebreo haya ganado el concurso hasta en cuatro ocasiones y que sea el décimo participante con mejor puntuación media desde su debut en 1973. Esa exitosa trayectoria, sin embargo, se ha desarrollado de forma paralela al conflicto árabe-israelí y a la progresiva colonización de territorios palestinos por parte de Tel Aviv, polémicas que inevitablemente han saltado al escenario de Eurovisión.
En su primera participación de 1973, Israel —que pese a no ser un país europeo forma parte de la Unión Europea de Radiodifusión como Marruecos o Turquía— vivía un momento especialmente tenso con el mundo árabe.
Apenas un año antes, terroristas palestinos habían secuestrado y asesinado a once miembros del equipo olímpico israelí en Múnich, y la celebración del festival estuvo marcada por un fuerte despliegue policial —la cantante israelí estuvo vigilada en todo el momento y al público se le pidió incluso que permaneciera sentado durante todo el programa—.
Lejos de rehuir el conflicto, Israel celebró en Jerusalén la edición de 1979 tras la victoria de A-ba-ni-bi en 1978, en un intento por legitimar su ocupación de la ciudad, disputada con Palestina, y ganarse el apoyo de la comunidad internacional. A pesar de la polémica, la propuesta israelí, Hallelujah, volvió a proclamarse vencedora.
La elección de la sede provocó la renuncia de Turquía y estuvo seguida tan solo unos meses después por la anexión israelí de Jerusalén este. Ese mismo año, 1980, fue la primera vez que Israel rechazó enviar una propuesta al festival —primero declinó organizarlo por motivos económicos y después participar porque la fecha elegida por Países Bajos coincidía con el Día de Recuerdo del Holocausto—.
También es la única edición que ha contado hasta la fecha con la participación de un país árabe, Marruecos, tras los intentos frustrados de Túnez y Líbano precisamente por la presencia de Israel.
A su regreso, Tel Aviv recuperó el apoyo de los países miembros de la Unión Europea de Radiodifusión y terminó en segunda posición en las ediciones de 1982 y 1983. Tras ellas, se abrió un periodo de inestabilidad que la llevó a caerse de nuevo de Eurovisión en 1984 por coincidir con el Día de Recuerdo de los Caídos, al tercer puesto en 1991 y a ser apartada por la propia organización en 1994 tras un penúltimo puesto y la necesidad de hacer hueco a nuevos participantes. En 1997, la última ausencia del país hebreo, el Día de Recuerdo del Holocausto volvió a interponerse entre Israel y Eurovisión.
En 1998, no obstante, la canción Diva arrasó en Birmingham y el festival regresó a Jerusalén al siguiente año. Desde entonces, la trayectoria eurovisiva de Israel ha sido errante y ha intercalado éxitos aislados con importantes fracasos. Así, junto a la victoria de Netta con Toy en 2018 y el bronce de Noa Kirel con Unicorn en 2023, sobresalen las siete ocasiones en las que el país ha sido eliminado en semifinales en lo que va de siglo.
En cuanto a sus apoyos, Israel no forma parte de ninguno de los históricos bloques geopolíticos del festival, y sus victorias han venido acompañadas de votos en todas las latitudes de la Unión Europea de Radiodifusión. Francia, eso sí, es el país que suele otorgarle calificaciones más altas, mientras que, en el extremo opuesto, Suecia es el participante que más gusta en el país hebreo.
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