Los países tienen legislaciones medioambientales muy diversas, con lo cual una norma internacional podría convalidar a unas pero a otras no.
A esto se le sumará, por supuesto, la presión ejercida por los grupos que tienen intereses económicos en juego en torno a la explotación de los recuersos naturales.
La palabra "ecocidio" está inspirada en el concepto de genocidio, la voluntad de destruir a un grupo humano, y une la raíz griega oikos –que significa casa, aunque se utiliza como hábitat– y la palabra cidio, que significa matar.
Aunque aún no existe una definición jurídica universalmente aceptada del término "ecocidio", quienes militan por su reconocimiento jurídico comprenden, en términos generales, que es un ataque sistemático al medio ambiente que ocasiona daños irreversibles, graves y extendidos al planeta, y lleva enfermedades y muerte a las poblaciones asentadas en los ecosistemas afectados.
“Se entenderá por ecocidio cualquier acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause daños graves que sean extensos o duraderos al medio ambiente”, reza la definición que podría incorporarse al Estatuto de Roma.