El ambientalista detalla que "hoy, dos tercios de los seres humanos vivimos en ciudades, y tomamos de la naturaleza los materiales que necesitamos para construir hogares, escuelas, hospitales, carreteras, sistemas de transporte y fábricas. La urbanización, junto con una clase media en crecimiento, aumentó la demanda de bienes de consumo".
Y agrega "En el actual siglo, excavamos, cortamos, perforamos o cosechamos 34 veces más materiales de construcción, 27 veces más minerales, 12 veces más combustibles fósiles y 3,6 veces más biomasa que en los años anteriores".
"Vale repensar las estrategias de producción de bienes y en darle un nuevo sentido a la manera en que las personas se vinculan con ellos, están las bases de la llamada economía circular. Este tipo de economía se presenta como un sistema de aprovechamiento de recursos donde prima la reducción de los elementos, minimizar la producción al mínimo indispensable" puntualiza Frers.
"Es decir, la economía circular aboga por utilizar la mayor parte de materiales biodegradables posibles en la fabricación de bienes de consumo –nutrientes biológicos- para que éstos puedan volver a la naturaleza sin causar daños medioambientales al agotar su vida útil". Remata en su trabajo.
Al tiempo aboga para que esta nueva economía debe sea el centro de las agendas políticas y con objetivos cada vez más ambiciosos y que implican a administraciones, a las empresas o a los ciudadanos.
"La adopción de procesos de retención de valor puede ser beneficiosa para los gobiernos, la industria y la gente. Los gobiernos tendrían menos desperdicios con los cuales lidiar, y podrían generar empleos verdes y estimular el crecimiento económico; la industria podría reducir los costos de producción, evitar las limitaciones de recursos en el crecimiento del negocio y abrir nuevos segmentos de mercado; en tanto que los ciudadanos podrían beneficiarse de precios más bajos para productos restaurados". Concluye el analista ambiental.