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Brote de sarna en Ceuta: 24 militares afectados y una denuncia por hacinamiento

Defensa descarta un vínculo con los migrantes, mientras la UMT apunta a un alojamiento en desuso y denuncia falta de protección.

La crisis de Ceuta ya entró en los cuarteles. El Ministerio de Defensa confirmó que 24 militares de la Comandancia General padecen sarna, una infestación cutánea provocada por un ácaro que puede propagarse rápidamente cuando existe contacto estrecho y prolongado. Los afectados reciben tratamiento y las instalaciones comenzaron a ser higienizadas para intentar cortar la cadena de contagios.

El brote aparece después de semanas de máxima exigencia para las Fuerzas Armadas. Los efectivos participaron del operativo desplegado tras la entrada masiva del 30 de julio y volvieron a ser concentrados ante la convocatoria difundida en redes para intentar alcanzar la ciudad el 15 de agosto. Defensa, sin embargo, descarta que los contagios estén relacionados con los migrantes y utiliza un dato para sostener su posición: dos de los casos fueron detectados antes de la primera avalancha fronteriza.

La discusión se trasladó entonces hacia las condiciones en las que trabajaron y descansaron los soldados. La UMT (Unión de Militares de Tropa) sostiene que al menos 14 afectados pertenecen a una misma compañía alojada durante el operativo del 15-A en la antigua Batería de Costa K-8, una dependencia habitualmente cerrada, con escaso mantenimiento y antecedentes de plagas. La organización también denuncia hacinamiento y falta de EPI (equipos de protección individual), mientras Defensa activa un protocolo sanitario y trata de contener un brote cuyo origen concreto todavía no fue determinado.

La Batería K-8: hacinamiento, instalaciones deterioradas y material propio

El foco de la denuncia se encuentra en García Aldave, donde permanece la antigua Batería de Costa K-8. La dependencia fue utilizada el sábado 15 de agosto para alojar a parte del personal movilizado ante el temor a una nueva entrada masiva desde Marruecos. Según la Unión de Militares de Tropa, allí descansó una compañía del Grupo de Regulares de Ceuta n.º 54 a la que pertenecen al menos 14 de los 24 militares afectados.

La organización describe el lugar como una instalación “habitualmente en desuso”, sin el mantenimiento higiénico necesario y con antecedentes de plagas. También asegura que la concentración extraordinaria de efectivos obligó a alojarlos en condiciones de hacinamiento. Este último elemento resulta especialmente relevante porque la sarna se propaga con mayor facilidad cuando varias personas comparten espacios reducidos, ropa de cama o mantienen contacto físico prolongado. Defensa, por el momento, no confirmó que la Batería K-8 sea el origen del brote ni publicó cómo se distribuyen los casos entre las distintas unidades.

La denuncia va más allá del alojamiento. La UMT sostiene que los soldados trabajaron sin una definición precisa de los equipos que debían utilizar y sin recibir oficialmente todo el material preventivo. De acuerdo con su versión, algunos tuvieron que llevar sus propios guantes y mascarillas para prestar servicio. La organización habla directamente de un “abandono” en materia de prevención de riesgos laborales y exige conocer qué unidades estuvieron expuestas, qué medidas se tomaron con sus contactos estrechos y cómo se evitará que los contagios alcancen a las familias del personal.

Las críticas no comenzaron con la confirmación de la sarna. Durante los primeros días de la crisis circularon videos y fotografías sobre las condiciones de los militares desplegados, con imágenes de raciones consideradas insuficientes y testimonios sobre jornadas prolongadas e instalaciones deterioradas. Marco Domínguez, secretario general de Militares con Futuro, llegó a calificar de “insuficiente e impresentable” uno de los kits de alimentación. Ese material no permite comprobar que las escenas fueran grabadas dentro de la batería en cuestión ni demuestra el origen del brote, pero sí muestra que las quejas por la improvisación logística ya existían antes de que Defensa reconociera los 24 diagnósticos.

La Comandancia General de Ceuta, integrada por unos 2.600 efectivos, activó un protocolo para detectar rápidamente nuevos contagios.

El Ministerio ordenó higienizar las dependencias, inició el tratamiento de los afectados y activó un protocolo común para detectar nuevos síntomas. Sin embargo, todavía no informó dónde se encontraba alojado cada contagiado, cuándo comenzó a manifestar molestias ni qué relación epidemiológica existe entre los casos. Mientras esos datos no se conozcan, la Batería K-8 continuará en el centro de las sospechas sindicales, aunque no pueda presentarse todavía como el lugar confirmado del contagio.

Cómo se contagia la sarna y por qué el origen continúa abierto

La sarna no es una infección provocada por la humedad ni se transmite por el aire. Es una infestación causada por el ácaro Sarcoptes scabiei, que penetra en la capa superficial de la piel y deposita allí sus huevos. Su principal vía de propagación es el contacto físico directo, estrecho y prolongado con una persona afectada. Compartir ropa, toallas o sábanas también puede intervenir, aunque esa forma resulta menos frecuente en los cuadros comunes y adquiere mayor relevancia ante la sarna costrosa, una variante mucho más contagiosa.

El hacinamiento sí puede acelerar un brote porque multiplica los contactos y favorece el uso compartido de camas, textiles y espacios de descanso. Por eso los alojamientos colectivos, residencias, hospitales y cuarteles requieren una respuesta rápida cuando aparece un caso. La humedad mencionada por Defensa puede formar parte de las condiciones ambientales, pero los organismos sanitarios no la consideran por sí misma una vía de contagio. Tampoco padecer sarna demuestra falta de higiene ni permite relacionar automáticamente la infestación con una población determinada.

El tiempo transcurrido será decisivo para reconstruir lo ocurrido en Ceuta. En una persona que nunca tuvo sarna, la picazón y las lesiones suelen demorar entre cuatro y ocho semanas en aparecer, aunque durante ese período ya puede contagiar. Esto significa que los diagnósticos conocidos pocos días después del alojamiento del 15 de agosto no demuestran que los militares hayan contraído allí la infestación. Los afectados pudieron haberse contagiado antes y manifestar los síntomas posteriormente. Del mismo modo, los dos casos anteriores a la llegada masiva de migrantes prueban que la enfermedad ya estaba presente, pero no permiten establecer que todos formen parte de una única cadena.

Las señales más características son una picazón intensa que empeora durante la noche, pequeños granos y surcos finos en la piel, especialmente entre los dedos, en las muñecas, los codos, las axilas y la cintura. Para determinar el origen del brote, Sanidad deberá comparar las fechas de aparición de los síntomas, los lugares de alojamiento, las habitaciones compartidas y los contactos mantenidos por cada militar. Defensa todavía no divulgó ese mapa epidemiológico.

Controlar la propagación exige tratar simultáneamente a los afectados y a sus contactos estrechos, además de lavar ropa, toallas y sábanas a temperaturas superiores a 50 grados. Los objetos que no puedan lavarse deben permanecer cerrados en una bolsa durante varios días, ya que el ácaro generalmente no sobrevive más de dos o tres jornadas lejos de la piel humana. Las mascarillas no evitan esta infestación porque no se transmite por vía respiratoria; los guantes pueden reducir determinados contactos, pero no reemplazan el tratamiento, el seguimiento sanitario ni la correcta higienización del material compartido.

Ceuta mantiene el despliegue mientras los retornos siguen en estudio

El brote de sarna no detuvo el operativo de seguridad. La Guardia Civil, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas mantienen presencia reforzada en Ceuta después de la convocatoria difundida en redes para intentar otra entrada masiva a mediados de mes. El cruce de grandes dimensiones finalmente no se produjo, pero las autoridades marroquíes interceptaron durante las horas siguientes a 294 migrantes que trataban de alcanzar la ciudad y detuvieron a otras 61 personas acusadas de facilitar los desplazamientos.

Militares españoles escoltan a un grupo de migrantes durante su retorno a Marruecos por la frontera de Ceuta.

La presión tampoco desapareció dentro del territorio español. El Ministerio del Interior elevó a 2.168 la cantidad de menores identificados desde la crisis del 30 de julio, mientras miles de adultos todavía permanecen en la ciudad. El Gobierno trabaja en la habilitación de 1.500 plazas temporales para aliviar unos recursos de acogida completamente saturados y conservar capacidad de respuesta ante cualquier nuevo movimiento en la frontera.

Una parte de los menores será trasladada provisionalmente a la Península mientras se completa el análisis de cada expediente. El Ministerio de Juventud e Infancia prepara la salida urgente de unas 500 niñas, consideradas uno de los grupos más vulnerables dentro del dispositivo. Ese traslado no constituye una regularización automática ni descarta una futura repatriación: permite sacarlas de la emergencia de Ceuta y mantenerlas bajo protección mientras se comprueba su identidad, se localiza a sus familiares y se determina cuál es la solución más segura.

La Unión Europea respaldó la posibilidad de devolver a Marruecos a los menores no acompañados, pero el procedimiento no puede ejecutarse de manera colectiva. Antes de autorizar cada retorno, España debe garantizar que el joven será recibido por su familia, por un tutor o por una institución adecuada y demostrar que la medida responde a su interés superior. Rabat ofreció colaborar con las identificaciones y las entregas, aunque todavía no existe un calendario público ni una cifra concreta de repatriaciones aprobadas.

Ceuta queda así atrapada entre tres urgencias que avanzan al mismo tiempo: controlar una frontera todavía tensionada, encontrar una salida legal para miles de personas y proteger a quienes sostienen el despliegue. Mientras los retornos se estudian caso por caso y las estructuras temporales terminan de instalarse, los militares continuarán formando parte del operativo. Por eso las condiciones de alojamiento, la prevención sanitaria y el origen de los 24 contagios dejaron de ser una discusión interna del Ejército para convertirse en otro capítulo de una crisis que todavía está lejos de cerrarse.

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