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Boeing bajo la lupa: Presión laboral como detonante de accidentes

La compañía enfrentó la primera audiencia por el incidente de Alaskan Airlines. Todo parece indicar una pésima cultura laboral.

La fabricante de aviones Boeing enfrentó el martes 6 de agosto la primera audiencia formal conducida por la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) de Estados Unidos por el accidente de la voladura de un tapón de puerta en un vuelo de Alaskan Airlines en enero pasado. El proceso, que duró más de 10 horas, reveló datos escalofriantes sobre la calidad actual de la fabricación en la compañía norteamericana.

Entre los principales datos revelados se encontró un sinnúmero de problemas revelados por los propios empleados que fueron entrevistados anónimamente durante 7 meses por la Administración Federal de Aviación (FAA). Desde falta de comunicación entre áreas neurálgicas en el ensamble de los aviones, pasando por empleados incapacitados para ciertas tareas, hasta documentación perdida sobre inspecciones y trabajos de reparación.

Todo ello sería el fruto de una creciente presión sobre la planta de colaboradores, que fue expuesta durante meses a cumplir plazos impostergables para acelerar el ritmo de entrega de las aeronaves. En ese sentido, los testimonios generales revelados en la audiencia dieron cuenta de que muchos empleados se sintieron presionados para alcanzar las metas productivas en detrimento de la calidad de los procesos y seguridad de las aeronaves.

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Boeing enfrentó la primera audiencia por el incidente de Alaskan Airlines.

Boeing está en deuda

En ese sentido, lo denunciado por los empleados de Boeing coincidiría con la realidad productiva de la empresa desde la pandemia. Con la crisis de los semiconductores y el parate por la irrupción del coronavirus, tanto la compañía estadounidense como otras constructoras de aviones sufrieron serias demoras en sus plazos de entrega estipulados con diversas aerolíneas.

Esa realidad habría empujado a toda la planta de empleados de Boeing a verse obligados a acelerar los procesos, dejando de lado pasos clave en la construcción de un avión como la revisión de procesos, el correcto manejo de la documentación de trabajo e incluso la formación profesional de los operarios. Algo que sucedió con el 737 MAX de Alaskan Airlines.

Dicha aeronave, cuyo fuselaje fue ensamblado por la subsidiaria Spirit Aerosystems, ingresó a la fábrica de Boeing con defectos que debieron ser solucionados “sobre la marcha”. Uno de ellos eran los remaches instalados en la puerta que más tarde causó problemas.

La inspección y reparación sobre dicha puerta quedó a cargo de un equipo de empleados que aparentemente desconocía cómo remover correctamente el tapón que aseguraba la escotilla. De cualquier manera, el trabajo se llevó a cabo y el 737 MAX salió de la línea de ensamble, según lo descrito en la asamblea, con cuatro pernos menos de los que debía tener, cuestión que casi causa una tragedia.

Durante la presentación de pruebas, también se determinó errores en la documentación que permitieron que un avión defectuoso salga a volar. Al parecer, los trabajos no quedaron debidamente asentados en los registros, lo cual impidió que las piezas faltantes sean notadas por los inspectores.

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La puerta que se desprendió del 737 MAX.

Boeing se comprometió a mejorar

Desde el incidente, la compañía intentó elevar los estándares de calidad aumentando controles e inspecciones sobre la documentación de trabajo, que en el caso de Alaskan Airlines no fue bien administrada. Hacia fines de 2024, la empresa espera tener resuelta la crisis de calidad, para poder enfrentar plenamente el frente financiero que también la aqueja.

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