El otro tema que afecta directamente a la Argentina es el objetivo de Chile de proyectarse en el Atlántico Sur, decisión que condicionará considerablemente la relación entre ambos Estados. Aunque nos sorprenda, nuestro país ha conseguido hacer de la extensión de su plataforma continental una política de Estado. A diferencia de esto Chile avanzó más despacio pero, tal vez, de manera más consolidada.
Los gobierno kirchneristas han enarbolado la bandera nacionalista en lo que respecta a la extensión de la plataforma pero no le han dado el respaldo merecido en lo que respecta a las capacidad militares y las alianzas internacionales. A veces, es necesario algo más que un instrumento legal: un instrumento diplomático serio y una política exterior de alianzas con países claves.
Chile llegó a las aguas del Atlántico Sur para quedarse, y ahora es responsabilidad de la casta política argentina llevar a cabo una relación bilateral, ya de por sí tensa, de manera inteligente que busque consensos con el país trasandino sin afectar otras áreas como el comercio y las inversiones, entre otras. Y el momento de hacerlo es ahora. "Los nacionalismos desdentados mantienen su apogeo hasta que otro nacionalismo dentado decide mostrarle la cruda realidad", afirmó el analista internacional Fabián Calle.