“Cuando medís dos puntos descubrís la corrupción”, escribió un usuario en X. Otro ironizó: “Hace veinte años cobran por IBOPE y recién ahora se dieron cuenta”. Y varios fueron todavía más crueles: “Si medía 8 puntos no auditaba nada”.
Según datos de Kantar IBOPE Media (Inside Video 2025), la TV lineal concentra alrededor del 70-81% del tiempo de consumo audiovisual en Argentina, con fuerte convivencia: el 53% de las personas consume tanto TV como plataformas digitales. La televisión abierta pierde share sostenidamente, sobre todo entre menores de 40 años.
Ahí aparece la discusión de fondo que muchos productores vienen planteando hace tiempo: cómo medir hoy el impacto real de un programa cuando un recorte viral puede tener millones de vistas en TikTok, YouTube o Instagram y después marcar números flojos en la planilla tradicional de rating.
El problema para Fabbiani es que eligió abrir esa discusión desde un lugar complicado: el de alguien que hoy también depende desesperadamente de esos números que cuestiona.
Marcela Tauro le pegó duro y expuso la hipocresía de la TV
Como si el escándalo con IBOPE no alcanzara, enseguida apareció otra interna dentro de América TV y esta vez quien salió a cruzar a Mariana Fabbiani fue Marcela Tauro, que directamente dijo lo que muchos en el medio comentan por lo bajo pero no siempre se animan a plantear públicamente.
Todo arrancó después de que Fabbiani bromeara al aire con Augusto Tartúfoli sobre los cambios de programación en América tras el final de A la Tarde, el ciclo de Karina Mazzocco. Mientras algunos lo tomaron como una humorada televisiva clásica, Tauro no lo dejó pasar.
“Me pareció fea la actitud de Mariana”, disparó sin demasiadas vueltas. Y después profundizó con una crítica bastante más incómoda para el ambiente televisivo: “Nos regodeamos de que el otro se queda sin laburo”.
La frase pegó fuerte porque describió bastante bien el clima que atraviesa hoy la televisión abierta argentina, donde nadie tiene demasiado asegurado y todos viven pendientes del minuto a minuto como si fuera un electrocardiograma.
Tauro incluso dejó otra frase que dentro del medio cayó como una trompada porque mostró el nivel de incertidumbre que se vive: “Yo no me puedo reír si estoy temblando también... Si no sé si llego a fin de año”.
Y ahí probablemente apareció la parte más honesta de toda esta novela televisiva. Porque detrás del conventillo mediático, de las indirectas y de los pases de factura, hay una industria golpeada por la caída de la publicidad, el avance del streaming y el desgaste de formatos que hace años dejaron de tener el peso cultural que supieron manejar.
La TV abierta argentina viene perdiendo audiencia de forma sostenida. Datos históricos muestran caídas acumuladas de más del 50% desde 2004 (y alrededor del 17% en trimestres recientes), mientras plataformas digitales y contenidos on demand crecieron.
En ese contexto, el comentario de Mariana Fabbiani sobre IBOPE no cayó como una simple chicana televisiva. Expuso nervios, inseguridades y algo que en la tele nadie quiere admitir demasiado: que el viejo negocio ya no funciona como antes y que muchos siguen jugando con reglas que quedaron viejas hace rato.
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