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Benjamín Torres apareció en Luzu TV y su expareja Sofía Mora lo denunció públicamente, contando episodios de violencia física y psicológica.
Además, reveló que después de terminar la relación se comunicó con la ex pareja anterior de Benja, quien confirmó episodios de violencia similares: "Sí, todo lo que me estás contando me hace recordar lo que yo viví. También le pegaba piñas a las paredes, me zamarreaba de los brazos; era un violento". Es decir que no se trató de un hecho aislado, sino de un patrón de comportamiento reiterado de violencia física y psicológica.
Más allá de la denuncia, Mora canalizó esta experiencia en su arte. Su último EP, El mundo real, refleja la transición de un enamoramiento genuino al choque con la realidad de la violencia y la manipulación emocional que sufrió, una decisión artística que le suma contexto a la denuncia y que demuestra cómo su propio dolor se transformó en una herramienta de visibilización.
Cuando el apellido pesa más que la denuncia
Hay un fenómeno más complejo detrás de la situación de Sofía Mora y Benjamín Torres: cuando la víctima enfrenta a alguien con un apellido conocido, la visibilidad y la repercusión mediática muchas veces quedan limitadas. Como dijo ella en diálogo con minutouno.com, "Supongo que al tener apellido ningún medio quiere involucrarse en el tema", señalando la dificultad de que su denuncia tuviera un eco más amplio en su momento.
El relato también incluye episodios de manipulación y violencia psicológica que se alternaban con momentos de aparente normalidad y afecto, lo que hacía difícil que la víctima identifique la toxicidad: "Tuvimos una situación donde me pegó una piña. Siento que lo que a mí me hizo no darme cuenta era que capaz él me trataba como una reina cinco días a la semana y los otros restantes me faltaba el respeto psicológicamente, verbalmente y físicamente".
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Mora señaló que el apellido Torres dificultó que su denuncia tuviera repercusión. Su testimonio dio en el clavo sobre cómo la fama puede encubrir comportamientos violentos en el ambiente artístico.
Además, la confirmación de la ex pareja anterior del músico, sumada a la viralización del tuit, destapó la olla sobre la impunidad mediática que muchas veces protege a figuras con conexiones familiares o reconocimiento público, incluso cuando hay denuncias concretas.
Mientras la exposición de Benja Torres sigue creciendo por sus apariciones televisivas, Sofía Mora sostiene que contar su historia es la única manera de que lo sucedido no quede en silencio, un mensaje que hace eco en un contexto donde la visibilidad puede ser un arma contra la impunidad, y donde el arte permite transformar experiencias traumáticas en algo que otros puedan escuchar y entender.
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