Ella piensa que el estrés que vivió durante la pandemia le volvió a afectar las cuerdas vocales. "Creo que fue quedarnos un poco solos con Guillermo Lobo en la pandemia, con un programa de cuatro horas diarias, producir y estar codo a codo con quienes quedaron en la redacción. Muchos no podían ir a trabajar, y lo hacían desde sus casas, y hay que hacer cuatro horas diarias de noticiero. Llegaba a casa y empezaba a producir para el día siguiente aunque nadie me lo pedía, pero somos un equipo muy lindo, que está consolidado. Y los fines de semana leía 150 mensajes de Instagram con pedidos de la gente sobre circulación, los que no podían mudarse, otros de Tierra del Fuego que no podían volver a sus casas. Le puse tanto el cuerpo que cuando me aflojé se me fue la voz", relató..
"Para Navidad no había nadie para conducir y me tuve que aplicar corticoides porque no tenía voz. En enero me fui de vacaciones y pensé que volvía bárbara, pero la voz no se mejoró. Entonces decidí ir a la foniatra, a Debora Gutkin, que me recomendó Pía Shaw y otros colegas también. Ella me mandó al otorrinolaringólogo Ignacio Mindlin, que además es cantante y está bueno porque entiende que la voz es mi herramienta de trabajo y que no puedo estar seis meses sin hablar. El otorrino trabaja con el cirujano (Rafael) Perrone y me estaban esperando para hacerme una fibroscopia. Por cómo me escuchaban la voz lesionada, intuían que podía haber algo", prosiguió.
En este sentido, contó que los médicos vieron que "las cuerdas vocales estaban muy dañadas y además había unas manchitas blancas, que mandaron a hacer una biopsia. Encontraron una displasia que no es mortal, pero hay que pelearla".
"No es cáncer, ni más grave que el nódulo que tengo en las glándulas tiroideas hace tiempo y que controlo todos los años. Me dijeron que si no fuera periodista, me operaban y sacaban todo pero me quedaría sin voz y no se sabe qué tipo de voz volvería", explicó Maciel.
"Fueron a buscar un daño en las cuerdas vocales y encontraron una displasia, pero fue a tiempo. Me gustaría decir que estoy curada pero no, voy a tener que convivir con esto, tal vez toda la vida", contó.
La periodista aseguró que tiene que someterse a una nueva operación, "salvo que desaparezca, que es una posibilidad remota". "Tengo que hacerme controles cada dos meses. Además voy a la foniatra tres veces por semana y tengo que cambiar algunas cosas. Soy parte de un grupo de running, de otro de ciclistas y todo es acelere y ahora tengo que empezar a bajar".
"No quiero apabullarme. Tengo tres hijos, estoy a cargo de mi mamá y tengo un monto de informes pendientes. Lo que me gustó de este mes que no trabajé es que nunca estuve descolgada, e hice ocho notas para la web de TN sin que nadie me pida nada. Estuvo bueno porque empecé a escribir y le tenía bastante temor. Hace mucho tiempo que me interesa el tema de los derechos de las mujeres y escribí sobre eso", afirmó.
"Estoy asustada porque no quiero tener una displasia y lo conté porque es clave que si alguien tiene una disfonía, vaya al médico. Cuando entré a TN me vio una foniatra, pero no me mandó al médico en ese momento. En este tiempo fui a ver a ocho médicos, me hice muchos estudios e ignoraba que la laringe tiene mucho que ver con el cuello del útero y un posible HPV (virus del papiloma humano)", continuó Maciel en diálogo con La Nación.
En pareja desde hace 25 años con el periodista Gerardo Tato Young y padres de Miranda (20), Camilo (15) y Manuel (14), Maciel contó que su familia es parte fundamental de su recuperación: “Lo bueno es que me obligan a escribir y ando por toda la casa con un fibrón negro y papel. Gerardo se cargó el asunto al hombro porque quedé bastante asustada. Fue quien habló con el cirujano y organizó todo como para que yo pudiera bajar tres cambios, que es lo que me cuesta”.