En el siglo XVI ocurrió la primera burbuja de precios, con la famosa crisis de los tulipanes en Holanda: se empezaron a cotizar cada vez más, hasta se llegaron a pagar fortunas por bulbos de tulipán, hasta que alguien se preguntó ¿pero qué cuernos es al final un bulbo de tulipán? El mercado se derrumbó, junto con grandes fortunas tiradas a la basura.
En el caso del Washington Post podría estar pasando algo similar, pero al revés: ¿el mercado no está subvalorando las marcas de medios tradicionales?
El papel es tan solo un soporte que está condenado a desaparecer tarde o temprano. Por más que el gobierno argentino de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se devane los sesos para ver cómo intervenir Papel Prensa, la papelera que comparte con los diarios Clarín y La Nación, para regular el suministro de papel de diario a los medios que le son críticos, los diarios van a ir dejando el papel.
Pero quedó claro que pasar a una versión digital idéntica a la de papel no es la solución para los diarios. En las redacciones corrió sudor frío tras la noticia de la compra del Post por centavos. Pero también es cierto que muchos diarios hoy están pensando formas de monetizar mejor sus contenidos online. El Washington Post estaba atrasado en esa materia, el New York Times, mucho más avanzado con su “Muro de Pago”. Incluso en Argentina, los principales diarios están acelerando sus estudios para incorporar algún sistema de pago online. El “remate” del Washington Post. Es posible (y deseable) que el precio de los diarios haya tocado un fondo.
Por ahora, la lección que deja la compra del Washington Post es que hoy los diarios tradicionales, o le encuentran la “vuelta” digital, o solo sobrevivirán como ONG soportadas por mecenas que apuesten a su influencia política y económica.