Hasta hace horas, el presidente Fernández se presentó públicamente como revolucionario. No digo que de armas tomar, pero de gente que quiere hacer una revolución, que quiere cambiar la Justicia, lavar la cabeza de los niños, sin éxito, no importa, pero tenía unos propósitos bastantes fantásticos de cambiar a la Argentina.
Ahora esta vuelta, esta radicalización que hemos visto en las últimas horas, se da en el plano de las chifladuras, de las fantasías y de los agravios más vulgares.
El presidente (Alberto) Fernández ayer (17/08) se autoconsagró a lo Napoleón, como el sucesor de San Martín, dijo que él continuaba el proyecto de San Martín.
El Gobernador (Axel) Kicillof hizo una exposición dramática sobre el retiro de la imagen de San Martín de los billetes, no importa si los billetes no sirven para nada, lo que importa es el juicio del gobernador sobre los billetes desde el punto de vista gráfico.
Fernández estaba sentado en la banqueta, asombrado de las cosas que decían de él, y ni hablar de la señora (Cristina) de Kirchner. En una escena no habitual en ninguna parte del mundo donde una vicepresidente pide, con el dedo levantado a su presidente, que ponga orden. Con el presidente sentadito ahí, en tan inestable y rudimentaria banqueta. Ni Biden, ni Macron, Ni Bolsonaro, ni Trump, aparecían en circunstancias tan impresentables hacia el primer jefe de estado.
Estamos entrando en una etapa radicalizada desde el punto de vista de acontecimientos fantasiosos. Esta gente se cree heredera del proyecto de San Martín. El presiente incluso ha interpretado lo que San Martín le diría. Bueno, yo voy a tratar de hacer lo propio, a ver qué sale de lo que me dice por ahí, por ejemplo, no sé Roberto de Vicenzo.
Dieron un espectáculo desopilante, desgraciado, inapropiado de un conjunto de personas diciendo cualquier cosa en público, a propósito que no pueden controlar las reacciones surgidas de un desgraciado acontecimiento, de una miserable foto. Veremos cómo continúa nuestra flichada y fantasiosa revolución".