Shireen Abu Akleh, periodista de Al Jazeera asesinada por las Fuerzas de Defensa de Israel.
Inadmisible
La decisión tomada esta semana por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) de eliminar 20 nombres de su base de datos de bajas en la guerra entre Israel y Gaza fue rápidamente aprovechada por analistas y grupos proisraelíes como prueba de que la organización había estado inflando el número de periodistas asesinados por Israel.
Pero este episodio reveló algo completamente distinto: cómo la incertidumbre en torno a algunas muertes individuales se utiliza como arma para ocultar una realidad mucho más amplia y preocupante.
Incluso después de las revisiones de la lista de víctimas, Israel mantiene, por 2do. año consecutivo, el dudoso récord de haber asesinado a más periodistas que ningún otro país del mundo.
El grupo defensor de la libertad de prensa afirmó haber retirado a 8 periodistas palestinos de su lista de víctimas después de que Hamás y la Yihad Islámica Palestina publicaran obituarios que los identificaban como combatientes.
Otros 9 periodistas palestinos fueron retirados por "otros motivos", según el grupo, mientras que 3 periodistas israelíes fallecidos durante el ataque del 7 de octubre fueron eliminados de la lista después de que el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) "confirmara que no estaban en servicio".
La directora ejecutiva del comité, Jodi Ginsberg, defendió la revisión, afirmando que se trataba de un asunto rutinario llevado a cabo "para garantizar que cada nombre que figure en la lista cumpla con nuestra definición actual y de larga data de quién es un periodista o un trabajador de los medios de comunicación".
Sin embargo, muchos no consideraron las correcciones como una prueba de la credibilidad del CPJ, sino como una prueba de que el grupo era ilegítimo.
Ridículo
Los críticos proisraelíes no tardaron en afirmar que el cambio "dejaba al descubierto" al CPJ como una organización a la que llevan mucho tiempo acusando de tener un "patrón de encubrir el terrorismo y tratar a propagandistas antiisraelíes y asociados de grupos terroristas como si fueran trabajadores de los medios de comunicación".
Incluso el periodista israelí Raviv Druker cuestionó por qué el aparato de propaganda israelí no estaba "aprovechando la oportunidad" para sacar partido del momento y desviar las acusaciones de que ataca a periodistas y civiles.
Otros cuestionaron la coherencia del comité. ¿Por qué se excluyó a periodistas israelíes por no estar trabajando en el momento de su muerte, mientras que algunos periodistas gazatíes asesinados en sus casas permanecieron en la lista?
El CPJ explicó que los periodistas palestinos fueron asesinados en represalia directa por su trabajo. Pero esta pregunta desvía la atención del panorama general.
La controversia pone de manifiesto la dificultad que supone examinar los cientos de víctimas mortales causadas por Israel, que en la mayoría de los casos justifica las muertes vinculándolas con el terrorismo.
Al mismo tiempo, Israel lleva años sin permitir la entrada de periodistas internacionales a Gaza, lo que dificulta aún más la verificación de dichas afirmaciones.
Irónicamente, Netanyahu ha defendido la decisión de mantener a los trabajadores de los medios de comunicación fuera de Gaza diciendo "no queremos que maten a ningún periodista", incluso cuando Israel, mucho antes del ataque del 07/10/2023, asesinaba sistemáticamente a periodistas con impunidad.
El país más peligroso
Tras eliminar los 20 nombres, el CPJ aún mantiene en su lista a 209 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación asesinados por Israel, ya sea en Gaza o en centros de detención israelíes, desde el 07/10/2023. Israel sigue siendo el país más peligroso del mundo para los periodistas.
El episodio también pone al descubierto la hipocresía de quienes acusan a organizaciones como el CPJ de parcialidad y falta de neutralidad. Periodistas israelíes no solo sirvieron como soldados en las FDI durante la guerra, sino que algunos participaron abiertamente en actividades militares como parte de su labor periodística.
El ejemplo más claro es el presentador del Canal 12, Danny Cushmaro, quien detonó con orgullo un edificio en Líbano en octubre de 2024.
Las preguntas sobre quién califica como periodista no pueden servir de pretexto para minimizar el ritmo sin precedentes de asesinatos de periodistas.
Cuando cada corrección en la lista de víctimas se interpreta como una prueba escandalosa de una conspiración, el periodismo mismo se convierte en el blanco de los ataques.
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