"No es un papel apropiado para nosotros arbitrar debates políticos e impedir que el discurso de un político alcance a su audiencia y sea objeto de debate público y escrutinio. Es por eso que excluimos a los políticos de nuestros programa de verificación de terceras partes". Sostiene el comunicado, de la empresa.
Lo que sí hará Facebook será utilizar la información de sus verificadores para marcar como falso o inexacto una publicación política que contenga contenido previamente revisado por estos equipos. Asimismo, lo que no permitirán es que el contenido que viole las normas de Facebook pueda ser promocionado en anuncios publicitarios.
Clegg añade al final del comunicado: "Sé que algunas personas dirán que deberíamos ir más lejos. Que estamos equivocados al permitir que los políticos usen nuestra plataforma para decir cosas desagradables o hacer afirmaciones falsas".
"¿Sería aceptable para la sociedad en general que una empresa privada se convirtiera en un árbitro autoproclamado para todo lo que dicen los políticos? No creo que lo sea. En las democracias abiertas, los votantes creen con razón que, por regla general, deberían poder juzgar lo que los políticos dicen". Asegura el ejecutivo
Todo el discurso de Facebook en este caso tiene que ver con la libertad de expresión. Son los mismos argumentos que hace unos meses utilizó Twitter para establecer la misma política, no eliminar contenido de interés general aunque viole las políticas de la plataforma (aunque con cambios respecto a Facebook como restar mucha visibilidad o directamente ocultar).
Por una parte los políticos deberían dar ejemplo y cumplir con las normas de una red social, pero por otra no permitirles ser ellos mismos puede ser censurar un comportamiento que representa a votantes.
Según Clegg "se está poniendo mucho esfuerzo en frenar vídeos de deep fakes en los que los políticos dicen cosas que no dijeron".