Grieta Eterna: Juan Manuel de Rosas, hacendado, gobernador y monarca
Marcela Ternavasio es autora de 'Juan Manuel de Rosas', y estuvo en 'Como en Casa', podcast de Urgente24, para abordar la 1ra. Gran Grieta argentina.
Marcela Ternavasio es autora de 'Juan Manuel de Rosas', y estuvo en 'Como en Casa', podcast de Urgente24, para abordar la 1ra. Gran Grieta argentina.
Juan Manuel de Rosas sufre condena eterna: La Grieta que provoca no será cerrada jamás, según parece. No hay indulto para Rosas ni amnistía. Ni siquiera tregua. Es una fractura mayor a la que abren Facundo Quiroga, Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento. Inclusive Juan Domingo Perón. O los Kirchner.
La entrevista con Marcela Ternavasio devuelve a Rosas su densidad política, despojada tanto del bronce romántico como de la condena liberal automática.
Y Rosas emerge no como un líder doctrinario, sino como un pragmático consumado, que supo leer las dinámicas de poder de su época:
Ternavasio va a fondo: el núcleo de la construcción política de Rosas fue utilizar la causa federal para congelar la organización constitucional del país, garantizando que los recursos del puerto permanecieran bajo control bonaerense.
Esta lógica de acumulación y control se sostuvo sobre
Encarnación Ezcurra: socia política con autonomía - Lejos de un rol sumiso, Encarnación, la mujer de Rosas, fue una aliada estratégica con notable capacidad de gestión propia. Articuló vínculos con los sectores populares y afrodescendientes, administró las redes de lealtad y condujo la movilización urbana de la 'Revolución de los Restauradores' mientras Rosas estaba en el sur peleando con los pueblos originarios.
Riqueza rural y distancia de las guerras de independencia - Rosas forjó su poder económico en la expansión ganadera y saladeril (emancipándose tempranamente de su familia paterna y administrando también los campos de sus primos Anchorena), y así eludió involucrarse de lleno en las campañas militares de la década de 1810, de la que emergió millonario.
Defensa de los recursos fiscales y el puerto bonaerense - Su salto definitivo a la política activa ocurrió entre 1824 y 1826: primero apoyó las políticas de Bernardino Rivadavia pero luego lideró la oposición a la ley de capitalización (la creación de la Ciudad de Buenos Aires quitándole la costa fluvial rioplatense a la Provincia de Buenos Aires) y de división de Buenos Aires, impulsada por Rivadavia. Con el argumento de proteger la unidad provincial, defendió el monopolio exclusivo de los ingresos de la Aduana.
Dorrego y Quiroga: magnicidios como puntos de inflexión - Como outsider de la política formal, su ascenso estuvo marcado por 2 asesinatos: el fusilamiento de Manuel Dorrego (que le abrió el liderazgo del federalismo bonaerense y porteño) y el magnicidio de Facundo Quiroga (que le permitió exigir la suma del poder público).
El bloqueo francés y la puja interimperial - El conflicto de 1838 con Francia no se limitó a una disputa menor por el servicio militar de extranjeros, sino a la puja entre potencias europeas por equiparar las ventajas comerciales y de "nación más favorecida" que Inglaterra ya gozaba en el Río de la Plata.
Tensión con el Salón Literario - Aunque Rosas contrató publicistas eruditos para fundamentar su gestión (tal como Pedro de Angelis), él exigía subordinación total. No toleraba la autonomía de los intelectuales ni los espacios de deliberación independiente, motivo por el cual persiguió a la Generación del '37.
El juego de la renuncia y la parálisis previa a Caseros - Rosas utilizó en forma reiterada la renuncia como táctica de extorsión política para revalidar su poder. Sin embargo, ante el pronunciamiento de Justo José de Urquiza en 1851 (considerado una traición interna innegociable), él quedó en shock, asumió de antemano su derrota militar y 19 días antes de la batalla priorizó el resguardo de su archivo personal.
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