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Redes sociales: cómo nuestras publicaciones del pasado pueden afectar nuestro futuro

Algún que otro meme, fotos de nuestra graduación, alguna publicación en época de elecciones son solo algunas de las cosas que podemos encontrar en cualquier perfil de redes sociales, y no hay duda de que esta información nos puede jugar tanto a favor como en contra. Conocé uno de los tantos riesgos de las redes sociales.

Aunque algunas veces queramos escapar, nuestro pasado siempre nos va a perseguir de alguna manera. 

Con la digitalización y las redes sociales, esto se hace más evidente que nunca.

En internet se encuentra almacenados nuestros pensamientos, nuestras posiciones políticas, chistes que nos parecieron graciosos, fotos de hace muchos años, nuestros triunfos y nuestros errores. 

Toda esta información está sólo a unos clicks de distancia y pueden ser utilizados en nuestra contra de muchas maneras de las que no estamos informados.

Una década de advertencias

Convivimos con las redes sociales, y su poder de preservación de información, hace ya casi dos décadas.

Facebook nació en 2004 y, desde entonces, miles de millones de personas caímos en la trampa de que era una buena idea dejar un rastro digital adjunto a nuestros nombres reales.

Casi una década después del inicio de las redes, en 2010, diferentes especialistas en tecnología empezaron a opinar sobre el impacto que esto podría tener en nuestras vidas en el futuro.

El presidente de Google de ese momento, Eric Schmidt, por ejemplo, opino que seguramente la mayoría de las personas jóvenes cambiarían sus nombres en las redes cuando lleguen a la adultez para poder escapar de sus pasados digitales. 

Por otro lado, Jeff Jonas, un importante científico especializado en data, que escribe para el blog “Concurring Opinions”, ofreció una predicción más utópica, en la que explicó que:

“Espero que exista una sociedad más tolerante en el futuro”.

Añadió tambien que las instituciones puedan observar los pasados digitales de las personas pero que eso no influya en su vida personal o profesional ya que las personas evolucionamos y no deberíamos ser juzgadas por nuestras opiniones públicas del pasado.

La discusión vuelve a aflorar

Once años después de estas declaraciones, la discusión sobre qué hacer con nuestros pasados digitales vuelve a ser importante.

En Estados Unidos, hace sólo unos días, se hizo conocido el caso de Emily Wilder, una periodista de 22 años que fue despedida de la agencia de noticias The Associated Press.

Había sido contratada hace sólo tres semanas pero el Stanford College Republicans, un grupo dentro de la reconocida universidad norteamericana, viralizó algunas publicaciones de la joven en sus años de estudiante, que dejaban en evidencia un activismo a favor del pueblo palestino.

Estas publicaciones llamaron la atención de figuras políticas de derecha que decidieron difundir la información con el propósito de argumentar que Wilder no estaba apta para cubrir el conflicto palestino-israelí ya que, mediante sus redes sociales, dejaba en evidencia su parcialidad.

The Associated Press decidió despedirla con la justificación de una indebida conducta en las redes sociales mientras desempeñaba su cargo en la agencia pero Wilder asegura que las publicaciones que salieron a la luz fueron de hace muchos años atrás. 

Algo igual de controversial sucedió en los Oscars de 2018 con Kevin Hart.

El actor y comediante había sido seleccionado como presentador para los premios de la Academia pero días después aparecieron tuits homofóbicos de su parte que rápidamente plagaron internet.

Hart fue despedido como anfitrión pero logró justificarse en el show de Ellen, explicando que su manera de pensar sobre esos temas cambiaron controversialmente, al mismo tiempo que lo había hecho la mayor parte de la sociedad.

La cultura de la cancelación

No hay duda de que la difusión de la “basura digital” de las personas viene de la mano con la cultura de la cancelación.

“Cancelar” gente es una especie de justicia social, donde los usuarios y fanáticos eligen dejar de consumir ciertos contenidos o seguir a ciertas personas en las redes sociales como consecuencia de diferentes faltas que realice una persona.

Ahora, no todo el mundo está de acuerdo con esta manera de actuar ya que se discute si esto beneficia a la sociedad, creando un consumo más responsable, o si es simplemente una forma cruel de castigo, que juzga las acciones de las personas sin considerar el contexto.

No hay duda que parte de este problema es cómo Internet deformó la manera en la que el tiempo es concebido: todo se mueve más rápido que antes. 

Las instituciones pretenden que sus empleados rindan cuentas inmediatamente despues de que se descubra contenido que publicaron hace años y simplifican la idea de qué quién eras hace un año, o hace cinco años, o hace décadas, se reduce a lo que sos ahora. 

En este sentido, se aprecia poco el contexto y la evolución personal de cada individuo.

Sin embargo, muchas personas ven esto como algo positivo ya que las personas se ven forzadas a evaluar y reflexionar sobre sus acciones en el pasado y tambien en el presente, y entender que consecuencias puede tener esto en su futuro.

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