Por entonces, el Presidente le había dicho al Papa que la despenalización del aborto no sería un tema central. Ese era el único tema que los separaba, pero aun entonces se decía que en caso de que se lograra sancionar (aún no se imaginaban las consecuencias de la pandemia que se avecinaba) eso no afectaría la relación.
Por entonces, tanto Alberto como Bergoglio compartían la preocupación por la deuda argentina y la intención de llegar a un acuerdo con el FMI.
Desde ese encuentro en el Vaticano, el Presidente contó que mantenía contacto con Francisco mediante mails, llamadas y llamados telefónicos.
Era la época en que el Papa, además de sus mensajes sobre la pandemia, también reclamaba por las deudas de los países y la desigualdad en el mundo.
Ante la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, y el ministro de Economía Martín Guzmán, el sumo pontífice resaltó que “las exigencias morales de Juan Pablo II en 1991 resultan asombrosamente actuales hoy".
Y puntualizó en un concepto que el gobierno argentino planteó por entonces para negociar con el Fondo: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito en cambio exigir o pretender su pago cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deuda contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables”. Fue una frase muy parecida a la dicha por Alberto el 1 de marzo de 2020 ante la Asamblea Legislativa.
Luego vinieron más guiños. Como en el debate local por la meritocracia entre el macrismo y el oficialismo. Allí terció Francisco en el ángelus dominical de septiembre pasado: "Quien razona con la lógica humana, o sea, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, de primero pasa a último". Y recordó " quién fue el primer santo canonizado en la Iglesia, el buen ladrón. Robó el Cielo en el último momento de su vida. Esto es Gracia, eso hace Dios, incluso con todos nosotros. En cambio, quien busca pensar en el propio mérito fracasa. Quien confía con humildad en la misericordia del Padre, como último, igual que el buen ladrón, se encuentra en primer lugar".
Pero pocos meses después la relación se enfrió. Fue cuando el Gobierno nacional finalmente envió al Congreso el proyecto de despenalización del aborto a pesar de las críticas por el contexto de la pandemia y la emergencia sanitaria.
Ni siquiera Cristina Fernández quiso aparecer públicamente apoyando la iniciativa a pesar de haber votado a favor en 2018.
Lógicamente, Bergoglio tuvo que salir públicamente a expresar el rechazo de la Iglesia.
Y en la Argentina, los obispos postergaron un pronunciamiento sobre la independencia del Poder Judicial, el ajuste económico y el regreso a las escuelas para emitir una declaración centrada en el rechazo al aborto. Todo con la venia de Bergoglio. Pero no iba a existir un choque abierto con la Administración de los Fernández, sino un alejamiento progresivo. Sin embargo, algo cambió las cosas.
El periodista especializado en temas vaticanos, Sergio Rubin, advierte que el hecho que habría roto los puentes entre Alberto y el Papa no habría sido el tema del aborto en sí, sino cómo el Gobierno nacional habría manipulado la información sobre la incidencia de la Santa Sede en el voto de los legisladores.
De acuerdo con el periodista, le molestó al Papa que la Casa Rosada hiciera correr la versión de que Francisco quería que el tema se termine –con o sin aprobación- y pasar a otros temas.
“Traducido: que el Papa daba por superado el diferendo y que a los legisladores no debía pesarle a la hora de votar la oposición de Francisco”, explicó Rubin en sábado 20/3 en Clarín, y citando fuentes cercanas a Francisco agregó que el Sumo Pontífice siente que fue manipulado políticamente.
En esa línea, el periodista asegura que Francisco “prestó su asentimiento para que los obispos argentinos critiquen al Gobierno cuando consideren que hay motivos. Acaso eso quedó claro durante el viaje -rodeado de la máxima discreción- que el presidente del Episcopado, el obispo Oscar Ojea, efectuó en enero al Vaticano y sus varios encuentros con el Papa”.
Y destaca que que a su vuelta monseñor Ojea fue inusualmente duro ante el escándalo de las vacunaciones VIP.
Y recientemente, el Episcopado criticó la represión de las protestas en Formosa por las restricciones que impuso el gobernador Gildo Insfrán.
Y en febrero, los obispos del noroeste advirtieron que “la democracia se ve amenazada por la falta de respeto a la división de los tres poderes, por la falta de independencia de la justicia”, en clara alusión al avance de la agenda judicial de Cristina Fernández, ratificada en el mensaje de Alberto el 1ro de marzo en la Asamblea Legislativa.