Debe recordarse que Poder Popular es un concepto muy utilizado en la Venezuela ex chavista hoy madurista.
Las 3 organizaciones dependen de la asistencia que les desembolsa el Ministerio de Desarrollo Social, que nunca desarrolla nada sino que distribuye bolsones de alimentos, colchones, indumentaria, pobreza. De vez en cuando, además, queda 'pegado' a alguna denuncia de corrupción en sus contrataciones. No sucede sólo con Daniel Arroyo, también ocurrió con Carolina Stanley, Alicia Kirchner y se podría retroceder en el tiempo hasta Carlos Lacoste o José López Rega.
El procedimiento es habitualmente el mismo: las llamadas 'organizaciones sociales' reclaman una determinada asistencia, con una intensidad que dependerá de la gente que aglutinen, y así obligan a que el dirigente (funcionario nacional o funcionario provincial o funcionario municipal), 'abra la caja'.
Acaba de suceder en Lanús, Provincia de Buenos Aires. La consigna fue "Ahora Grindetti - El hambre no espera más". ¿Hay más hambre en Lanús que en Avellaneda? ¿Cierran más empresas en Lanús que en Quilmes? ¿Hay más pobreza en Lanús que en Lomas de Zamora? Obvio que es una extorsión al intendente Néstor Grindetti, de Juntos por el Cambio.
Las preguntas podrían continuar: ¿El hambre es responsabilidad de un problema nacional (mezcla de pandemia y de ausencia de política económica, además de herencia de Mauricio Macri) o es que un municipio provoca el hambre popular? La respuesta es obvia: el hambre trasciende a un municipio, pero las 'organizaciones sociales' no pierden el tiempo en cuestiones propias de la lógica.
Si sus dirigentes fuesen personas racionales deberían negociar con Grindetti escuelas de formación laboral para lograr la inserción o reinserción laboral de los damnificados. Pero ahí aparece el gran problema: si hubiese éxito en el emprendimiento, podrían quedarse sin fuerza de choque, y eso mermaría la recaudación de la organización.
En el caso de Lanús, resulta que no es un municipio del Frente de Todos. Entonces sucede que es como que 'el crimen no paga', ellos creen que hay 'tierra liberada' de parte de la política.
Sin embargo, es un municipio con una buena relación tanto con la Administración Fernández como con la Administración Kicillof. Es más: que le pregunten a Sergio Berni, un personaje muy popular en el GBA en estos días.
En ese marco ocurre la contradicción entre la 'ola' que intentan provocar las 'organizaciones sociales' para satisfacer su ambición, y la realidad. Pregunten a Alberto Fernández quién es Diego Kravetz, jefe de Gabinete en Lanús.
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El fondo del problema más reciente de las 'organizaciones sociales' parece haber resultado la difusión de la noticia que el gobernador Axel Kicillof, acababa de desembolsar $62,2 millones a Lanús para afrontar diferentes gastos locales.
Esta asistencia económico-financiera integra los Aportes no Integrables que otorga la Provincia a las comunas mediante la creación del Fondo Especial de Emergencia Sanitaria (Decreto 264/20) con el objetivo de brindar contención financiera frente a la caída abrupta de la recaudación en los diferentes distritos como consecuencia de la pandemia por Covid-19.
Para las 'organizaciones sociales', sin más preámbulas, es dinero en la cartera, y ahí fueron a exigir 'liquidez'.
La suma de dinero fue otorgada por acuerdo sellado con el Ministerio de Hacienda y Finanzas bonaerense, pero las 'organizaciones sociales' no conocen tales pruritos.
La superficie del problema, en todo caso, es que el intendente Grindetti se preocupa cuando ocurren reclamos porque él tiene una comprensión diferente de la barricada y el 'piquete' respecto de sus vecinos, Jorge Ferraresi o Martín Insaurralde o Mayra Mendoza, que son peronistas y reaccionan menos preocupados ante el aspaviento de los supuestos 'desocupados'.
Algo similar sucede con el ministro Arroyo, que entretiene a los ex 'piqueteros' integrándolos a comités de crisis, proyectos sociales y asistencia extraordinaria, mientras entrega de miles de Tarjetas Alimentar con la ambición de, algun día, terminar con esos intermerdiarios de la necesidad. Toda una curiosidad que ni la pandemia consigue desterrar.