Por este motivo, los especialistas consideran que no es indispensable lograr este objetivo para controlar la pandemia.
Actualmente, los niños de 12 a 15 años son elegibles para vacunas en Estados Unidos, lo que demuestra que el control sobre el coronavirus incrementa a pasos acelerados en el país.
El año pasado, muchos científicos sugirieron que el umbral de inmunidad colectiva se alcanzaría cuando entre el 60 y el 70% de la población fuera inmune, ya sea por vacunación o exposición al virus.
Ahora han revisado este número y consideran que se requiere de, al menos, el 80%.
No obstante, no existe un umbral único y universal. El número depende de la transmisibilidad de la enfermedad, de la peligrosidad de sus variantes y las características de la población a la que invade.
Por ejemplo, ha sido notorio que el coronavirus se extiende mucho más rápidamente en algunas poblaciones con mayor densidad, de edad promedio más alta y con malas condiciones de acceso a la salud.
El ejemplo de la gripe
La gripe estacional, un virus que tiene una tasa de mortalidad más baja pero que también es altamente transmisible, ofrece un buen ejemplo de cómo podría funcionar la inmunidad colectiva del Sars-coV-2.
A pesar que las tasas de vacunación no son superiores al 80% y las vacunas deben modificarse anualmente, la gripe no se convierte en una epidemia desastrosa.
Es decir que la clave sigue siendo la reducción de la circulación del virus, ya sea para proteger a los no vacunados, como para evitar el surgimiento de nuevas variantes que evadan las fórmulas anti COVID.
En definitiva, “nadie estará completamente a salvo del coronavirus hasta que todos en el mundo estén protegidos”, concluyen los firmantes de la columna del NYT.
En este momento, Estados Unidos se encuentra entre unos pocos países privilegiados con un suministro adecuado de vacunas. Pero declarar el fin de la pandemia una vez que disminuya el riesgo para los estadounidenses sería prematuro y “un gran fracaso moral”.