Stiglitz, como es de público conocimiento, es el mentor de Guzmán, quien lo acompañó en la Universidad de Columbia, y fue un fuerte promotor de la posición argentina en la renegociación de la deuda con los acreedores privados, cuyo acuerdo se cerró en agosto de 2020.
En cuanto a Akerlof, nació hace casi 81 años en el estado de Connecticut, el economista lleva más de la mitad de ese tiempo casado con Yellen. Tienen un hijo, Robert Akerlof, también economista.
En su currículum se apunta que es profesor de las universidades de Georgetown, en el DC, y de Berkeley, en California.
En 2001 fue galardonado con el Nobel de la economía junto a Spence y Stiglitz "por sus análisis de los mercados con información asimétrica". El Comité citó el trabajo de Akerlof de la década del 70 'El mercado para los limones'.
A pesar de que el nombre puede causar confusión, el trabajo no indaga en el mercado del cítrico, sino en el de los autos usados con fallas, conocidos como 'lemons'.
"El mercado de los 'limones' exploró cómo los mercados con información asimétrica operan. Compradores y vendedores comunmente poseen diferente, no idéntica información. Mi estudio examina las patologías que pueden desarrollarse bajo estas condiciones más realistas", explicó Akerlof sobre su trabajo.
Pablo Mira, economista, docente e investigador de la UBA, resumió la teoría que hizo a Akerlof acreedor del premio: "La idea es simple y profunda: si el comprador no conoce la calidad de un auto usado, entonces ofrece poco por las dudas y, por tanto, los autos vendibles en el mercado a un precio razonable serán más “lemons” que buenos".
Para Mira, Akerlof tuvo "la extraordinaria virtud de inventar nuevas formas de entender la economía. Tomó conceptos de otras disciplinas sociales y los incorporó para enriquecer las conclusiones de la disciplina".
El economista también contó que el concepto de la información asimétrica fue extendido por Akerlof a las empresas en su último libro con otro Nobel de economía, Robert Shiller, 'La Economía de la Manipulación'.
"La idea es que si es cierto que los consumidores tienen fallos cognitivos, y si las empresas son más racionales que ellos, entonces las firmas explotarán estos errores y tratarán de aplicar técnicas para manipular sus elecciones. Si una empresa no aprovecha estas limitaciones, seguramente otra lo hará, porque los sesgos cognitivos no desaparecen. Esto nos deposita en una suerte de “equilibrio de manipulación” donde, finalmente, los consumidores terminan perjudicados", explica el economista de la UBA.
Mira destaca como otra contribución del Premio Nobel "su interés por incorporar al ámbito de la macroeconomía consideraciones psicológicas y sociológicas".
"Su conferencia Nobel y su libro “Animal Spirits” (también en coautoría con Shiller) ilustran la relevancia del proyecto. Un aspecto enfatizado por Akerlof es la pérdida de la motivación en el análisis macro basado en las decisiones individuales. La teoría usual asume que las personas maximizan su utilidad individual (su orden de preferencias), pero Akerlof indica que la gente también tiene opiniones sobre cómo debería (o no) comportarse uno mismo, y cómo deberían (o no) comportarse los demás. Estas opiniones están esculpidas por las normas, que pueden ser buenas o malas, pero ocupan un lugar central en nuestras decisiones. Religión, tribus, estatus social (o civil), género e identidad política son algunas fuentes de normas que guían la conducta. Akerlof señala que cuando se aplica la motivación a las elecciones humanas, muchas teorías macroeconómicas tienen consecuencias distintas a las tradicionales", resumió el académico.