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El día que Kicillof le salvó el gobierno a Alberto Fernández

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, afirma que él será el Nº1 vacunado con el fármaco anticovid-19 ruso Sputnik V, intentando demostrar así su confianza en el producto que tiene mala prensa a causa de bastantes admiradores de Juan Guaidó en la Argentina, básicamente, sin mucha idea sobre el expertise -para el bien y para el mal- de Rusia en la manipulación de factores virológicos, guerra bacteriológica y generación de anticuerpos. Pero no siempre Fernández tuvo ese enfoque, y es la historia a continuación.

Desde el comienzo del desarrollo de vacunas contra el covid-19, el presidente Alberto Fernández simpatizó con el desarrollo de AstraZeneca Oxford, probablemente por influencia del ministro de Salud, Ginés González García; o del ex ministro hoy gobernador, Juan Luis Manzur. Ambos promocionaban la posibilidad de que los intereses farmacológicos del empresario Hugo Sigman brindaran la provisión suficiente de dosis. Además, la participación del mexicano Carlos Slim le concedía no sólo un brillo latinoamericano sino que coincidía con el eje Argentina / México que Fernández imaginó cuando se aproximó a Andrés Manuel López Obrador, Grupo de Puebla, etc.

Los rusos intentaron un acuerdo con Sigman, y visitaron la planta tan moderna que inauguró el empresario en Escobar, provincia de Buenos Aires (con la presencia aquella vez de Alberto, Ginés, el gobernador Axel Kicillof y el intendente Ariel Sujarchuk). Sin embargo, Sigman les manifestó que ya tenía todo definido con AstraZeneca Oxford. Los rusos tomaron nota y por eso les sorprendió tanto la grotesca versión de horas atrás de que algún laboratorio local podría producir la Sputnik V. No son decisiones de un minuto para el otro...  y la oportunidad es calva, ya se sabe.

El único funcionario argentino que se interesó en el desarrollo ruso fue el gobernador bonaerense Axel Kicillof, afirman los rusos. Es más: él se interesó ya en septiembre en iniciar una negociación por 800.000 dosis iniciales, con la posibilidad de ampliar la adquisición a 3 millones. Esto es interesante: la puerta de Moscú la abrieron desde La Plata. Aparentemente, al ministro de Salud de la Nación no le pareció oportuno.

Quienes conocen la minucia de lo que sucedió afirman que el ministro de Salud de la Nación habría llegado a emplazar a gobernadores que estaba prohibido imitar a Kicillof porque la Nación aseguraría la vacuna para todos, abastecimiento de AstraZeneca Oxford.

Dicen que la situación llegó al punto que Kicillof encaró directamente a González García para preguntarle cuál era el problema.

También los rusos observaron que el corazón del ministro no sólo estaba en Racing Club de Avellaneda, el color de sus amores. Pero, aparentemente, la discreción es una condición que impone a todo el cuerpo diplomático Serguéi Víktorovich Lavrov, el eterno canciller al que Vladímir Vladímirovich Putin le prohibió jubilarse. 

Todo esto ocurrió, aparentemente, sin que el presidente Alberto Fernández conociera lo que en la jerga se conoció como 'la guerra de las vacunas', que explotó cuando algún irresponsable quiso montar un negocio con gente no calificada de Ramallo / San Nicolás, que funcionarían como supuestos importadores de la Sputnik V, algo que escandalizó a los rusos, quienes siempre manifestaron su decisión de acuerdos país / país, sin intermediarios, tal como estaba diseñada la operación con Kicillof.

El paso siguiente fue que la vacuna AstraZeneca Oxford sufrió algunos percances que demoraron su desarrollo en Fase 3. Mientras tanto, la Sputnik V ya estaba en vacunación de universos masivos, y el presidente Alberto Fernández tenía la necesidad política de cerrar el aislamiento social preventivo obligatorio presentando un horizonte seguro de vacunación.

Fue entonces cuando él decidió echar mano a la vacuna de los rusos, y utilizó la puerta que había mantenido abierta el gobernador Kicillof.

Considerando la demanda mundial de producto, si Kicillof no hubiera iniciado la negociación en su momento, Alberto Fernández tendría que haber transitado una cuesta bien empinada para obtener un acuerdo con Moscú. Por ese motivo, y mal que le pese el ministro de Salud de la Nación, en el tema de vacunación quien salvó al Presidente no fue el sanitarista sino el economista afincado en La Plata.

Pero, ya se sabe, Alberto está enamorado de "sus ministros": Sabina Frederic, Marcela Losardo, Felipe Solá y, obviamente, Ginés González García.

 

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