Quienes conocen la minucia de lo que sucedió afirman que el ministro de Salud de la Nación habría llegado a emplazar a gobernadores que estaba prohibido imitar a Kicillof porque la Nación aseguraría la vacuna para todos, abastecimiento de AstraZeneca Oxford.
Dicen que la situación llegó al punto que Kicillof encaró directamente a González García para preguntarle cuál era el problema.
También los rusos observaron que el corazón del ministro no sólo estaba en Racing Club de Avellaneda, el color de sus amores. Pero, aparentemente, la discreción es una condición que impone a todo el cuerpo diplomático Serguéi Víktorovich Lavrov, el eterno canciller al que Vladímir Vladímirovich Putin le prohibió jubilarse.
Todo esto ocurrió, aparentemente, sin que el presidente Alberto Fernández conociera lo que en la jerga se conoció como 'la guerra de las vacunas', que explotó cuando algún irresponsable quiso montar un negocio con gente no calificada de Ramallo / San Nicolás, que funcionarían como supuestos importadores de la Sputnik V, algo que escandalizó a los rusos, quienes siempre manifestaron su decisión de acuerdos país / país, sin intermediarios, tal como estaba diseñada la operación con Kicillof.
El paso siguiente fue que la vacuna AstraZeneca Oxford sufrió algunos percances que demoraron su desarrollo en Fase 3. Mientras tanto, la Sputnik V ya estaba en vacunación de universos masivos, y el presidente Alberto Fernández tenía la necesidad política de cerrar el aislamiento social preventivo obligatorio presentando un horizonte seguro de vacunación.
Fue entonces cuando él decidió echar mano a la vacuna de los rusos, y utilizó la puerta que había mantenido abierta el gobernador Kicillof.
Considerando la demanda mundial de producto, si Kicillof no hubiera iniciado la negociación en su momento, Alberto Fernández tendría que haber transitado una cuesta bien empinada para obtener un acuerdo con Moscú. Por ese motivo, y mal que le pese el ministro de Salud de la Nación, en el tema de vacunación quien salvó al Presidente no fue el sanitarista sino el economista afincado en La Plata.
Pero, ya se sabe, Alberto está enamorado de "sus ministros": Sabina Frederic, Marcela Losardo, Felipe Solá y, obviamente, Ginés González García.