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ASPO o DISPO: En realidad, un frenazo para reducir el déficit y apagar la maquinita

Si bien los ojos del periodismo están puestos en la cuestión sanitaria como el supuesto eje por el que se está dejando atrás el aislamiento para pasar al distanciamiento en AMBA, no es así lo que está ocurriendo puertas adentro de la Casa Rosada.

"No hay más dinero. Se cortó todo", es la frase que resume el impresionante frenazo que le está pegando el ministro de Economía Martín Guzmán al "Paquete Covid" luego del paso de la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) por la Argentina en octubre pasado.

Desde entonces, todas las declaraciones del funcionario nacional fueron en la misma dirección: se viene un fuerte ajuste fiscal en nombre de la "sustentabilidad".

Basta con mirar los idas y vueltas del IFE 4, que aún no está definido cómo se implementará y cuándo. Otro tema fue el descarte por completo de la renta universal, confirmado por el propio ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, meses atrás.

También eso quedó en evidencia luego de que el ATP se haya reestructurado para solo asistir a muy pocas actividades económicas.

Sin ir más lejos, ayer (5/11) Guzmán dijo a AM750 que el objetivo es terminar el déficit fiscal por debajo del 7% en 2020 y a empresarios de AEA les prometió un déficit en 2021 por debajo del 4% luego de haber anunciado que intentará financiar al Tesoro con emisión de deuda por casi el 60% de ese 3,9%.

Entonces, la pregunta obligada: ¿El ingreso abrupto a la cuarentena y la salida de esta manera, con el anuncio de Alberto Fernández por la tarde, fue y es sanitario o económico? Inevitable recurrir a las declaraciones del ex viceministro de Economía K, Emmanuel Álvarez Agis, de julio: "El COVID-19 es una especie de plan austral sanitario porque te congeló todo de facto: los salarios caen, las tarifas están congeladas pero al mismo tiempo los precios de la energía bajan, el alquiler está congelado, los servicios privados están congelados y, ¿cuánto te subió la entrada al cine? No hay cine. Digamos, estamos frente a una cosa muy exótica.

Entonces, tenemos que aprovechar todo esto porque mi impresión es que este año vamos a estar en un inflación que va a empezar con 2. Ahora, la pregunta es: ¿Cómo hacemos para que el año que viene también empiece con 2? No quiero que la inflación del año que viene sea 10% sino 'veintitanto'. Me conformo con 29,9%".

En muchos sectores no se tiene en cuenta el déficit pero para dimensionar el grave problema en que está la macroeconomía argentina solo basta con leer parte del informe de la Universidad de Belgrano, recién salido del horno: "Con 10% del PBI, el déficit fiscal va a ser el mayor desde 1985".

El Índice de Equilibrio Fiscal del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) que mide la Universidad de Belgrano registró en septiembre una caída del 9,4% respecto del nivel que había registrado en agosto y del 16,7% con relación al de igual mes del año pasado.

“El retroceso de septiembre es atribuible a la fuerte expansión de las transferencias corrientes al sector privado. En particular, se destaca el incremento en el gasto en subsidios energéticos para compensar el congelamiento de tarifas eléctricas”, analiza Víctor Beker, director del CENE.

“Esta dinámica del gasto público llevaría a que el déficit fiscal de 2020 llegará a ubicarse por encima del 10% del PBI, el mayor registro de 1985 a la fecha”, completa el economista.

El resto de la historia ya se conoce. Y más preocupación suma ahora la emisión de bonos atados al tipo de cambio, que afectarían aún más el equilibrio fiscal si se sigue emitiendo como hasta ahora, que presiona las brechas y obligaría a devaluar. Es un efecto dominó. Así terminó Don Raúl Alfonsín.

El "Paquete Covid" alcanzó el 67% del PBI en septiembre pero esto comenzaría a desacelerarse: "el ATP termina junto con el 2020 y el objetivo es que el IFE sea absorbido por otros programas", dijo el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, dando a entender que podría transformarse en los famosos REPRO.

A todo esto también se puede sumar el descongelamiento de combustibles, de prepagas y el que ocurrirá de tarifas.

Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC)

El organismo advirtió a fines de octubre que -a septiembre el ejercicio fiscal de 2020- los gastos primarios de la Administración Nacional alcanzaron $4.525.099 millones, reflejando un incremento de 21,9% interanual en términos reales. En tanto, debido a la contracción interanual registrada en los intereses de la deuda (44,8% interanual), la suba de los gastos totales tuvo una expansión más moderada del 9,4%.

Dentro de los gastos primarios, se destacan incrementos en los otros gastos corrientes (145,1%), en las transferencias corrientes a provincias (115,6%), en los subsidios económicos (31,3%), y en las prestaciones sociales (25,1%); mientras que los gastos de funcionamiento (-10,3% ) y los gastos de capital (- 5,5%) resultaron los de mayor caída.

En resumen, esta salida abrupta del ASPO para pasar a la DISPO implica el final de un paquete de asistencia que se lanzó a partir de la ley de emergencia económica, que está vigente hasta que un decreto ponga un punto final al ASPO. No olvidar el detalle de los tecnicismo. A partir del final de la ASPO, la Casa Rosada podrá desenredar esta maraña de gasto excesivo por la pandemia.

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