A esta altura, la imagen pública de Cirio está cruzada por dos vínculos que, cada uno a su manera, terminaron bajo la lupa judicial. Y si bien ella insiste en que "no tiene miedo" y que está alejada de las causas, su nombre no deja de aparecer entre los documentos y los interrogantes.
Cirio se reacomoda mientras la Justicia la sigue de cerca
Desde que estalló la causa contra Piccirillo, Cirio bajó el perfil mediático, lejos de los móviles y las entrevistas. Pero su presente, aunque más silencioso, no está exento de comentarios. Según contó Fernanda Iglesias en Puro Show, se mudó del lote 31 del Yacht en Nordelta a otro barrio más reservado, echó a cuatro de las ocho empleadas que tenía, alquiló una casa lujosa y se maneja con chofer, dos niñeras y asistentes personales.
En paralelo, estuvo vendiendo ropa propia y de sus ex en una feria, una decisión que no pasó desapercibida teniendo en cuenta que está siendo investigada por su patrimonio. También la vincularon sentimentalmente con un empresario uruguayo y con un exnovio que vive en México, Nazareno Marcollese, con quien, según versiones de su entorno, habría retomado la relación. Iglesias afirmó que ya viajó tres veces a verlo.
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Jésica Cirio mantiene un perfil bajo mientras reordena su vida entre mudanzas, viajes y rumores. Aunque evita hablar públicamente, su entorno y decisiones siguen siendo observados por la Justicia.
En junio, un cronista de América TV la abordó en el aeropuerto cuando volvía de Uruguay. A la consulta sobre si el divorcio ya estaba firmado, respondió incómoda: "Creo que ya salió, no lo sé...". Estaba acompañada por seguridad privada, algo que ya se volvió habitual en sus apariciones públicas.
Por otro lado, Cirio expresó su preocupación por el estado anímico de su ex. En un mensaje enviado a Marina Calabró, afirmó: "La salud mental de él está cada vez peor. Al abogado no se lo presenté yo porque no lo conocía, no es real". La frase hace referencia a versiones que la vinculaban con las decisiones legales de Piccirillo, algo que ella niega de manera tajante.
Otro dato que se conoció es que habían planeado una inseminación artificial, ya que Piccirillo se había realizado una vasectomía. El tratamiento iba a hacerse en verano, pero quedó cancelado tras la detención.
Hoy, Jésica Cirio intenta mostrarse ajena al mundo judicial, pero su historia reciente la sigue poniendo en el centro. La justicia avanza, los medios observan, y ella, con un perfil cada vez más calculado, sigue moviéndose entre el Caribe, los abogados y el intento de reconstruirse, otra vez, lejos del ruido.
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