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Un filósofo longevo de hace 2.300 años medía la felicidad con la vara de la eudaimonía (¿?)

El filósofo longevo Aristóteles medía la felicidad, hace dos siglos y un tercio, con una vara llamada eudaimonía, que conjuga carácter, virtud y razón.

Cuando al filósofo longevo Aristóteles le preguntaron, hace 2.300 años, qué era la felicidad respondió que conocía una forma de medirla, la eudaimonía, que conjuga el desarrollo del carácter en una persona, la virtud que cultiva y el hecho de poder vivir de acuerdo con la razón.

Lo que realmente queda en los años dorados no son las medallas ni los trofeos acumulados, sino las personas con las que se compartió la vida: para algunos, traen una sensación de paz y satisfacción, mientras que para otros pueden ser una fuente de ansiedad o soledad.

Ser longevo facilita en muchos casos disfrutar de una sensación de paz y satisfacción.

Daniel Gilbert, psicólogo de Harvard y autor de Tropezando con la Felicidad, afirma que "muchas veces nos equivocamos cuando tratamos de predecir qué nos hará felices en el futuro. ¿Alguna vez te ha pasado que te emocionabas mucho por algo (como comprarte el último gadget tecnológico o esa escapada de fin de semana) solo para darte cuenta de que la emoción se desvanece más rápido de lo que pensabas?"

El psiquiatra Robert Waldinger investigó: "Imagina que tienes una tarde libre. Puedes ver una película solo en casa o salir a tomar un café con un amigo de toda la vida. A corto plazo, ambos planes pueden parecer igualmente atractivos, pero a largo plazo, las conexiones humanas, ya sean con amigos cercanos, familiares o incluso compañeros de trabajo, juegan un papel clave en nuestra felicidad. Y esto se vuelve especialmente importante a medida que envejecemos".

La felicidad no consiste en sentir placer todo el tiempo ni en acumular riquezas o reconocimiento, sino que la verdadera felicidad, llamada eudamonía, surge cuando una persona desarrolla su carácter, cultiva la virtud y vive de acuerdo con la razón.

No es un premio que aparece de repente, sino el resultado de muchas buenas decisiones tomada a lo largo de la vida. Su pensamiento continúa siendo una de las bases de la ética occidental.

Aristóteles la explicó así: "El bien es la meta deseada de nuestras acciones . Como hay múltiples acciones, hay también múltiples cosas a las que consideramos bienes. Por ejemplo, el fin de la medicina es la salud, y la salud es considerada un bien, a diferencia de la enfermedad. Lo mismo podemos decir de las riquezas y de todas las otras cosas a las que llamamos bienes".

Filósofo longevo de hace 2.300 años

Pero Aristóteles hace notar que de todas estas cosas decimos que son un bien en la medida en que nos permite ser felices, ya que no llamaríamos bien a la riqueza si nos mataran por causa de ella.

Entonces cabe la pregunta acerca de si existe un bien querido por sí mismo al cual se subordinen todos los otros bienes particulares. éste sería el bien supremo y fin último de nuestras acciones, ya que sería buscado por sí mismo y no como medio para alcanzar otra cosa. Este bien es la felicidad.

La eudaimonía que desarrolló Aristóteles y trascendió las centurias como escuela vinculada a la psicología.

Aristóteles fue, junto a otros como Sócrates, Platón o Kant, uno de los pensadores más sobresalientes que haya dado la historia.

A lo largo de su vida escribió más de 200 obras, de las cuales solo se han podido recuperar 31.

Pocas ramas escapaban a sus campos de estudio. Sin embargo, en una de las que más destacó, sin duda, fue en la lógica, materia de la que se le considera el padre y fundador.

Las enseñanzas de Aristóteles sobre ética, que dedicaba a su hijo Nicómaco, inspiran hoy a filósofos, estudiantes, universidades, líderes, personas interesadas en la ética y el desarrollo personal.

Aristóteles fue discípulo de Platón y transmitió enseñanzas sobre ética a su hijo Nicómano.

Auténtica autorrealización

La eudaimonía que pregonaba se refiere a una vida plena a través de la auténtica autorrealización, haciendo hincapié en vivir de acuerdo con los verdaderos valores y propósitos de cada uno.

Este concepto fomenta el crecimiento personal y la virtud moral, buscando una satisfacción más profunda que el placer temporal.

La práctica de actividades eudaimónicas puede mejorar el bienestar y conducir a una experiencia vital más rica y significativa: la felicidad verdadera consiste en desarrollar lo mejor de nosotros mismos: sabiduría, virtud, crecimiento, amistad, plenitud, destacaba.

Para Aristóteles vivir bien depende principalmente de cómo actuamos cada día: desarrollo de nuevos hábitos, aprendizaje constante, prudencia, coherencia, búsqueda del equilibrio.

¿Cómo definía el justo medio? "Los extremos suelen alejarnos del equilibrio, la virtud aparece cuando aprendemos a actuar con prudencia: moderación, prudencia, equilibrio, reflexión, buen juicio.

Y ampliaba: la virtud se practica, no basta con conocer el bien, es necesario convertirlo en una costumbre diaria.

Eudaimonia no sólo es una de las más antiguas definiciones operativas en el campo de la psicología, sino que ha resistido el paso del tiempo por otra razón.

Por eso, lleva incorporado el elemento de la subjetividad. Es a la vez menos y más prescriptiva y se sumerge bastante en las ideas de las virtudes y la ética de las virtudes.

Las ganas de vivir

La relevancia de las ganas de vivir en el envejecimiento con éxito queda demostrada en una investigación realizada entre adultos mayores que conformaron un grupo caracterizado por tener mayores niveles de optimismo, gratitud, resiliencia, afecto positivo, sentido de la vida, prosperidad psicológica, felicidad y satisfacción con la vida y menores niveles de depresión y autopercepción negativa del envejecimiento.

El emperador romano Marco Aurelio, una de las figuras más representativas del estoicismo, la corriente filosófica que sostiene que "la serenidad depende menos de las circunstancias externas que de la manera en que cada persona decide afrontarlas".

Desde un punto de vista más prosaico, el emperador romano entre los años 161 y 180 d.C., Marco Aurelio, escribía en su obra Meditaciones: "Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir, de respirar, de pensar, de disfrutar y de amar".

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