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Portugal: Ni maní ni papas, ahora la cerveza va con grillos

La Dirección General de Alimentación y Veterinaria (DGAV) de Portugal abrió el camino a la comercialización y el consumo de insectos para humanos.

En los supermercados de Portugal se venderán dos tipos de grillos, de larvas, de langostas y un escarabajo como nuevas fuentes de proteína barata y sostenible que, además, podrían ser los nuevos acompañantes de la cerveza.

La Dirección General de Alimentación y Veterinaria (DGAV) lusa abrió el camino a la comercialización y el consumo de insectos para humanos dentro del periodo transitorio del reglamento europeo sobre nuevos alimentos. Hasta el momento sólo estaban limitados al uso en animales.

Se trata de 7 especies que "ya se comercializaban en al menos un estado miembro (de la Unión Europeo)", confirmó Paula Bico, directora de Servicios de Nutrición Alimentaria de DGAV.

Son insectos que ya son posible "producir y utilizar" en Portugal, que sigue el rastro de países como Bélgica, Holanda y República Checa en los que este alimento es cada vez más habitual, agregó.

"Las dos más habituales" son la larva de la harina (Tenebrio molitor) y el grillo doméstico (Acheta domesticus), detalló Bico.

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La larva de la harina (Tenebrio molitor) y el grillo doméstico (Acheta domesticus).

El grillo de la casa tiene una mayor cantidad de proteína que la espinilla "alrededor del 60% al 70% de proteína", dice Oscar Silva, fundador de la empresa de entomocultivo GotanBug.

Barritas de chocolate, harinas de sabores y 'snacks' que "camuflan" a los grillos y larvas serán la primera experiencia de los consumidores lusos, una apuesta para que el consumidor "acepte" lo mejor posible a los insectos.

Para Guileh Pereira, responsable de Portugal Bugs, una empresa de producción de insectos, el reto ahora es conseguir "derribar prejuicios". Y pronosticó que en un futuro "los insectos saborizados serán más habituales". Los grillos con sabor a jamón o queso pueden convertirse en las nuevas papas fritas o maní para acompañar la cerveza.

Este consumo también trae efectos positivos al medioambiente. Por ejemplo, en cuanto a los gases de efecto invernadero, se reduce en un 1.000% en comparación con las vacas y el uso de recursos hídricos es cercano a cero, ya que los insectos obtienen su fuente de agua de las verduras que consumen.

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