En casos de deficiencia, pueden darse síntomas como:
Calambres, fatiga y debilidad: Según Bruning, los calambres musculares por esta deficiencia pueden provocar lesiones, mientras la fatiga y la debilidad por la deficiencia de vitamina D son peligrosas porque aumentan las posibilidades de perder el equilibrio, caídas, huesos rotos, golpes en la cabeza u otros.
“Dado que la deficiencia de vitamina D es más común en los adultos mayores, estos efectos secundarios pueden ser más peligrosos en aquellos que ya pueden ser frágiles”, señala la experta.
Problemas en los huesos: En las infancias, la deficiencia puede provocar una afección llamada raquitismo o ablandamiento de los huesos, debido a los bajos niveles de calcio, explica Bruning. En cambio, en adultos, la pérdida ósea puede ocurrir y presentarse como osteomalacia.
En cualquier caso, se puede averiguar si una persona tiene una deficiencia de vitamina D con un simple análisis de sangre.
Es importante consultar siempre con un profesional de la salud, dado que la cantidad de vitamina D que produce cada organismo depende de varios factores, incluida la pigmentación de la piel, la hora del día, la estación e incluso el lugar de residencia.
Además de la exposición al sol en horarios adecuados y con la correcta protección, se puede obtener el nutriente a través de alimentos como pescados grasos (salmón, caballa), queso, huevo, champiñones. La leche, algunos cereales y bebidas suelen estar fortificados, dato que se puede corroborar mirando el envase.
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