Ciudad versus naturaleza
Para abordar este misterio, los científicos del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, de Alemania, analizaron imágenes de resonancia magnética de 63 voluntarios adultos sanos.
Cada uno de ellos completaron cuestionarios, realizaron una tarea de memoria de trabajo y se sometieron a imágenes de resonancia magnética funcional mientras respondían preguntas, algunas de las cuales estaban diseñadas para inducir estrés social.
A los participantes se les dijo que el estudio incluía una resonancia magnética y una caminata, pero no sabían cuál era el objetivo de la investigación. La mitad dio un paseo de una hora en un entorno urbano y la otra en uno natural.
Luego de la caminata, cada participante se sometió a otra resonancia magnética con una tarea adicional de inducción de estrés y realizó otro cuestionario.
Los escáneres mostraron una actividad reducida en la amígdala después de un paseo por el bosque, lo que respalda la idea de que la naturaleza puede desencadenar efectos beneficiosos en las regiones del cerebro involucradas con el estrés.
Como si fuera poco, los efectos suceden en solo 60 minutos.
"Los resultados respaldan la relación positiva previamente asumida entre la naturaleza y la salud del cerebro, pero este es el primer estudio que prueba el vínculo causal", dijo la neurocientífica ambiental Simone Kühn, jefa del Grupo Lise Meitner de Neurociencia Ambiental en el Instituto Max Planck.
Los hallazgos argumentan “fuertemente a favor de los efectos salutogénicos de la naturaleza", escriben los investigadores en el trabajo publicado en la revista científica Molecular Psychiatry.
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