Si nos remontamos a los tiempos antiguos, explica la psicoanalista, abordando por ejemplo los temas de las tragedias griegas, la vida estaba siempre marcada por la guerra, la pobreza y la enfermedad. Las mujeres morían en el parto todo el tiempo. "Gran parte de los aspectos materiales de la vida han sido resueltos, y sin embargo la inquietud sigue ahí. Creo que eso es interesante: con la medicina moderna, tenemos una mayor expectativa de vida, pero no podemos esperar mucho más que eso."
En una carta de Freud a la princesa María Bonaparte, cita Webster, él le dice sobre la depresión: "Creo que el problema con los que están deprimidos es que simplemente tienen una expectativa demasiado alta de la vida. Creen que la vida debe tener más significado del que tiene."
"Una de las cosas que encuentro en mis pacientes es la necesidad de encontrar significado, y mucho de lo que un piscoanalista puede hacer es trabajar para detener esa máquina que está constantemente procesando información y pensando que hay algo que necesitás conseguir, solucionar, o a lo que tenés que encontrarle un sentido para sentirte mejor. Pienso también que es la razón por la que las aplicaciones de meditación están haciendo millones, billones, millones de dólares. Es porque necesitás frenar al cerebro."
"Vivimos en tiempos que muchos han caracterizado como profundamente ansiosos e inseguros", escribió Webster en un artículo en The New York Review of Books.
"Algunos psicoanalistas han apuntado a lo que llaman el quiebre de las fantasías colectivas que nos ayudaban a forjar defensas contra la ansiedad -tales como la creencia en Dios, en el Sueño Americano, en el Iluminismo, o en el Príncipe Azul, etcétera. De hecho, lo que veo en mis pacientes es que la conversación sobre la ansiedad y sus muchas soluciones paliativas inmediatas, funcionan como una nueva religión. La ansiedad y sus soluciones traen consigo una nueva serie de rituales -desde el consumo de suplementos (pastillas), a revisar las redes sociales o estoquear por Facebook."