Un estudio científico hecho por investigadores de la Universidad de Stanford, tras analizar muestras de plasma de 4,263 personas de entre 18 y 95 años y estudiar alrededor de 2,925 proteínas, arribó a la conclusión de que sus niveles no cambian de manera uniforme, sino que el organismo experimenta tres momentos clave de transformación a lo largo de la vida.
De acuerdo con el informe técnico, estas tres etapas críticas de envejecimiento se sitúan específicamente: a los 34 años (edad adulta joven), a los 60 años (edad madura tardía) y a los 78 años (vejez), lo cual echaría por tierra los debates sociales tradicionales que fijaban el inicio de la ancianidad a edades mucho más tempranas debido a factores puramente culturales.
La vejez no es una enfermedad, sino una etapa más de la vida. Llena de desafíos, pero también de potencia, de presencia, de autonomía.
Visión lapidaria
El testimonio de las mujeres entrevistadas que la tildaron de "mierda" no tiene un corolario tan optimista.
"La vejez es dolor y lágrimas, es muy triste, ya cumplí 81 años, me siento grande, estoy sola porque mi familia está en Rosario, y a ella le pasa lo mismo, transitar la vejez..." Y la reportera mete bocado: "Qué chotos igual que pueden ser los hijos".
Se lo ratifican: "Si hacés una encuesta, la mayoría no le da bola a los padres, ya no es como antes, ahora se vive estresado, la plata no alcanza, hay otra vida muy estresante, que nosotros no tuvimos".
A la repregunta de si piensan que la vejez hace 30 años era diferente, más tranquila, responden: "Lo era. Porque estaban generalmente los abuelos, los tenían en la casa, y los sacaban a la puerta, le daban la comidita. Ahora la gente está muy con cara de culo, no tiene paciencia. ¡Al geriátrico directamente! los mandan". Aunque aclaran que si bien ese destino no les daría tanto miedo, "pasa que los buenos cuestan mucha plata y acá no hay".
"No es fácil envejecer"
El artista, cineasta y escritor chileno, nacionalizado francés, de ascendencia judíoucraniana, creador de la psicomagia y tarotista, Alejandro Jodorowsky Prullansky, con sus lúcidos 97 años reflexiona a través de un poema:
"No es fácil envejecer,
te tienes que acostumbrar
a caminar más despacio,
a despedirte de quien eras
y saludar a quien te has convertido.
Es difícil esto de cumplir años,
hay que saber aceptar tu nuevo rostro
y pasear con orgullo tu nuevo cuerpo
y desprenderse de vergüenzas,
de prejuicios y del miedo que dan los años,
y dejar que pase lo que tenga que pasar,
y dejar que se vaya quien se tenga que ir,
y dejar que se quede el que se quiera quedar.
No, no es fácil esto de hacerse viejo,
hay que aprender a no esperar nada de nadie,
a caminar solo, a despertar solo
y a que no te atrape cada mañana
el tipo que ves frente al espejo,
y aceptar que todo se acaba
y la vida también,
y saber despedirse de los que se van
y recordar a los que ya se fueron,
y llorar hasta vaciarse
hasta secarse por dentro,
para que crezcan nuevas sonrisas,
otras ilusiones y nuevos anhelos".