Además, puede “aumentar la conciencia con el fin de ayudar a las personas a aprovechar al máximo sus (finitas) vidas”. Tal es la finalidad de los Death Café.
Pero, ¿de qué tratan precisamente?
¿Qué es un Death Café?
Un Death Café es un evento social informal donde la gente, generalmente extraños unos de otros, se reúnen para hablar con libertad sobre la muerte mientras comen y toman té o café.
Un anfitrión debe guiar la discusión de la reunión para asegurarse de que no haya una agenda, un objetivo o tema. En cambio, el objetivo es proporcionar una conversación abierta y fluida sobre cualquier aspecto de la muerte.
Técnicamente, Death Cafe es una franquicia social sin fines de lucro, lo que significa que los fundadores supervisan la marca, el proceso y la misión del movimiento. Por eso, para usar el nombre, la persona interesada debe registrarse en la organización.
En resumen, la reunión propone seguir cuatro principios clave:
- Sin intención de llevar a los participantes a ninguna conclusión, producto o curso de acción.
- Como un espacio abierto, respetuoso y confidencial donde las personas puedan expresar sus puntos de vista de manera segura.
- Sin ánimo de lucro.
- Se podrán a disposición bebidas refrescantes y alimentos nutritivos.
Fenómeno en aumento
El primer Death Café se realizó en 2011, organizado por Jon Underwood en su casa al este de Londres. El evento encendió un movimiento que ya se extendió a 82 países, albergando más de 15.000 reuniones en casi todos los continentes para 2023.
Para entender el fenómeno en detalle, un equipo de investigadores de la Universidad de Glasglow, Reino Unido, publicó un estudio en 2020 sobre su propagación global.
Luego de entrevistar a 49 anfitriones de 34 países, confirmaron la expansión del movimiento desde el Reino Unido a América del Norte y del Sur, a Europa, Asia y África, proporcionando evidencia de cuán atrayente resultó la idea.
Asimismo, se pudo ver que los participantes eran desde adolescentes, hasta mayores de 80 años, incluso en un solo grupo. En paralelo, las edades de los anfitriones oscilaban entre 20 y 70 años.
Las reuniones convocaban entre 2 a 70 personas, principalmente mujeres. Las ubicaciones también fueron diversas: “tenían lugar en pubs, salones, centros de ocio, domicilios particulares e incluso cementerios”.
“El creciente número de Death Cafes es evidencia anecdótica de que la gente encuentra que hablar sobre la muerte vale la pena. Un entorno socialmente agradable donde es seguro trabajar con sus pensamientos y creencias sin juzgar ni dogmatismo ayuda a las personas a enfrentar el tema”, sintetiza un artículo publicado en Healthnews.
Para encontrar un Death Cafe o registrar uno, visitar la página web oficial.
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