La especialista A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga, explica en The Conversation cómo es la lucha bioquímica, conductual y fisiológica que esconde la titánica tarea de adelgazar y que muchas veces pasamos por alto.
1. Instinto de supervivencia
El denominador común a toda forma de vida es el instinto de supervivencia, que incluye la alimentación, la comida, y uno de los aportes de ésta última es la energía química.
Esto es necesario -indica la especialista- para mantener en marcha eficientemente la máquina biológica que es nuestro cuerpo.
"Toda esta energía se genera, básicamente, oxidando carbohidratos, lípidos (grasas) y proteínas y obteniendo adenosín trifosfato (ATP), la moneda energética biológica por antonomasia".
Pero, ¿Qué pasa cuando el balance energético está descompensado o cuando la energía requerida para todo lo anterior es sobrepasada con las calorías encerradas en un exceso de alimentos ingeridos?, almacenamos la energía sobrante. Y aquí está el asunto, dice de Andrés Fernández.
"Almacenar el ATP como tal es inviable fisiológicamente. Hay que recurrir a acumular energía en forma de potencial redox de biomoléculas que nos permitan, en un momento dado, obtener el ATP de ellas oxidándolas (es decir, quemándolas)", indica.
Y -agrega- consecuentemente, la grasa (los rollitos o llantas) es el sistema perfecto de almacenar los excedentes: requiere poco espacio y rinde mucho energéticamente.
2. La grasa corporal
Considerado por la especialista como un ¡gran invento! el tejido adiposo (o grasa corporal) reúne posibilidades muy interesantes :
### Funciona como una despensa especializada donde guardar, de manera ordenada y en el interior de los adipocitos, las reservas energéticas. Cuando se necesitan, las lipasas liberan los ácidos grasos de los triglicéridos, que entran en beta oxidación generando el solicitado ATP.
### Esta alacena es extensible, es decir, su volumen puede crecer paralelamente al input energético.
### Se puede ubicar prácticamente por todo el cuerpo.
### Los adipocitos segregan moléculas implicadas en la homeostasis energética, la fisiología de la insulina e, incluso, en funciones inmuno-endocrinas.
La existencia de un tejido así -explica -que no sólo actúa pasivamente como almacenamiento energético sino que aumenta activamente la eficacia biológica de las especies, es algo que no ha pasado desapercibido evolutivamente.
"Muy al contrario, se han seleccionado mecanismos que favorecen su desarrollo (engordar) en detrimento de los que harían más fácil su merma (adelgazar). Tanto es así que los genes implicados en la capacidad de conservar los triglicéridos están presentes en taxones tan basales como las levaduras", agrega.
3. El cerebro y adelgazar
Se sabe -dice la profesora- que en el comportamiento ingestivo influyen conexiones hipotalámicas con el sistema corticolímbico y el rombencéfalo, o lo que es lo mismo, la selección natural nos ha procurado que el comer sea una importante fuente hedónica y de placer, así lo reveló un publicado en PubMed.
Ahora bien, la especialista concluye que cuando se trata de perder kilos, todas las armas son pocas: "luchamos contra mecanismos bioquímicos, fisiológicos y conductuales que nuestra naturaleza ha seleccionado a lo largo de millones de años para asegurarnos la supervivencia".
Sin contar las delicias que se pueden encontrar en el supermercado...