En coincidencia, hay un predominio de jubilados y pensionados entre quienes viven solos.
Los hogares unipersonales son levemente mayores entre quienes son jubilados (20%) y entre quienes trabajan (11%), siendo menor en el caso de los estudiantes (7%).
El creciente individualismo que invadió a la sociedad moderna se pone de manifiesto con la evolución de los hogares unipersonales, que representan actualmente el doble de lo que significaban en 2001, al que triplican en cantidad absoluta, variaciones éstas que se dan dentro de un contexto de achicamiento de los hogares y de aumento de la edad media de la población.
Algunos adultos mayores disfrutan de la soledad y otros la padecen. Pero es creciente la cantidad de hogares unipersonales en las grandes ciudades, con Buenos Aires a la cabeza.
IG
Ni buena ni mala
La soledad no es buena ni mala, sino que se trata de una condición mental que puede ser constructiva, si se gestiona bien, pero si no se maneja adecuadamente puede contribuir al desarrollo o mantenimiento de síntomas depresivos o ansiosos.
Cuando es triste solo conduce a la desconexión y la desesperanza, pero puede tornarse insoportable, crear sufrimiento y también desconfianza en la persona, hasta el punto de entrar en un círculo vicioso en el cual se tema perder relaciones, pero también a crear otras nuevas, por miedo a que aparezca un sentimiento de rechazo, soledad y vacío emocional.
La recomendación de los profesionales de la salud a los adultos mayores en general es que hagan vida social, que participen en grupos, con más razón a los que viven solos.
Es así porque la soledad incrementa el riesgo de problemas de salud física como enfermedades cardiovasculares, hipertensión, accidente cerebrovascular, deterioro funcional y diabetes.
Desde una perspectiva psicológica, la soledad puede aumentar la vulnerabilidad a experimentar síntomas de depresión, ansiedad o dificultades cognitivas, especialmente en personas mayores.
Entre los procesos biológicos implicados, se ha observado que la soledad puede elevar los niveles de cortisol (la hormona relacionada con el estrés) y favorecer respuestas inflamatorias en el cuerpo. Estos procesos fisiológicos pueden contribuir a síntomas físicos como:
-fatiga,
-tensión muscular,
-bajo sistema inmunitario,
-mayor susceptibilidad a infecciones,
-dolor somático persistente.
Culpa o angustia
El psicoanalista Alejandro Carcagno desarrolló la temática en Facebook: "Muchas personas viven esto con culpa o con angustia: ´Necesito ratos a solas y siento que soy antisocial´. Al revés: ´No soporto estar solo ni diez minutos´. ´En silencio, sin nadie, me pongo ansioso´. Y les dicen: ´Estar solo es triste´. ´Deberías salir más´. "Nadie disfruta la soledad de verdad", a lo que agrega lo que decía el pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés, Donald Woods Winnicott, en "La capacidad para estar a solas" (1958): ´Poder estar solo es uno de los signos más claros de madurez emocional´. La capacidad de estar solo no se aprende aislándose. Se aprende habiendo estado acompañado", expone.
Salir a correr solo es una opción del adulto mayor, a veces por no tener con quiénes hacerlo.
Fc
Winnicott describió que el niño desarrolla la capacidad de estar solo cuando pudo estar a solas en presencia de alguien confiable —jugando tranquilo mientras su madre estaba ahí, sin invadirlo—.
De esas experiencias nace una certeza interna: "Aunque no la vea, existe alguien que me sostiene".
Con los años, esa presencia se interioriza y ya no necesita cuerpo: se puede estar solo sin sentirse abandonado, porque se lleva compañía adentro. Por eso, quien no puede estar solo no es "muy sociable": muchas veces le falta esa presencia interna, y busca afuera lo que no logra sentir por dentro.
La idea incómoda es esta:
-Poder estar solo no es aislamiento: es tener compañía interna suficiente.
-Y no poder estar solo tampoco es amor a la gente: a veces es miedo al vacío que aparece sin ruido.
.Necesitar ratos a solas no hace antisocial, sino alguien que sabe habitarse.
"En un mundo lleno de ruido, la soledad es la canción más hermosa", definía el escritor Oscar Wilde, y en ese marco reflexionó el tuitero apodado Bécquer: "Nos vamos volviendo adictos a la soledad, a sentir paz, a no dar explicaciones, a tener nuestro espacio, a no dejar entrar en el corazón ni en la piel a cualquiera, a ser autosuficientes y a brillar solos. Y no es miedo, es amor propio".