El reglamento establece que no todo contacto del balón con la mano constituye una infracción. Debe sancionarse cuando el futbolista mueve deliberadamente el brazo hacia la pelota o adopta una posición que amplía de manera antinatural el volumen de su cuerpo. La interpretación sobre Pubill depende, por tanto, de si su postura podía justificarse por el movimiento defensivo o si asumió el riesgo de bloquear el centro con el brazo extendido.
La posible expulsión requiere otra distinción. Una mano dentro del área no implica automáticamente una tarjeta: para mostrarle la segunda amarilla, el árbitro debía considerar que Pubill actuó deliberadamente o interrumpió un ataque prometedor en las condiciones previstas por la regla. El VAR sí podía intervenir por tratarse de un posible penalti, pero no exclusivamente para recomendar una amonestación. Su protocolo indica que todas esas acciones se chequean de manera automática y muchas verificaciones son silenciosas; lo comprobable es que Daniel Trujillo no llamó a Ortiz Arias ni provocó una revisión pública de la jugada.
Mourinho llevó dos fotos y apuntó contra el arbitraje
La conferencia de Mourinho comenzó antes de la primera pregunta. El entrenador se sentó frente a los periodistas con dos imágenes impresas y las levantó para resumir su lectura del encuentro: “Son dos rojas claras”. En lugar de iniciar por el funcionamiento del Real Madrid, convirtió aquellas capturas en la prueba central de una actuación arbitral que, según sostuvo, modificó por completo el desarrollo del derbi.
La primera correspondía al cruce entre el Cuti Romero y Bellingham. Arias había amonestado inicialmente al futbolista del Madrid, pero el VAR lo llamó y, después de observar el pisotón del argentino, retiró esa tarjeta y se la mostró al defensor del Atlético. El reclamo blanco no se centró en la corrección de la identidad, sino en la sanción elegida: Mourinho y el club consideran que la altura del contacto y los tapones sobre la pierna justificaban una expulsión directa.
La segunda fotografía mostraba la entrada de Kang-in Lee sobre Valverde. El surcoreano alcanzó con los tapones el tobillo del uruguayo, que terminó el partido con un fuerte golpe, pero la acción no fue sancionada ni provocó una revisión pública. Para Mourinho, las dos decisiones debieron dejar al Atlético con nueve futbolistas durante el primer tiempo. Después comparó ese criterio con la expulsión de Huijsen tras el descanso, que permitió al conjunto local jugar con superioridad numérica.
Mourinho mostró las entradas del Cuti Romero y Kang-in Lee que, según denunció, debieron terminar en dos expulsiones.
FOTOS: RECORTES
El portugués dirigió entonces sus críticas hacia Ortiz Arias, de quien remarcó que tiene 41 años, no es árbitro internacional y nunca había conducido un partido de semejante dimensión. Lo llamó “pobre árbitro” y afirmó que no había soportado la presión del Metropolitano. También señaló directamente a Trujillo, encargado del VAR, por su historial en encuentros del Real Madrid, y cerró esa parte de su intervención con una ironía hacia quienes realizaron la designación: “Enhorabuena al Comité”.
Mourinho evitó afirmar abiertamente que el arbitraje estuviera preparado, pero dejó instalada la sospecha al hablar de decisiones extrañas y antecedentes desfavorables. “Si nos dejan competir en igualdad, lo haremos”, lanzó antes de asegurar que esperaba encontrarse una Liga diferente a la que había dejado. La aparición posterior de la mano del defensor español añadió ahora una tercera acción al expediente de un partido que el técnico ya había convertido en una denuncia pública contra el arbitraje.
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