El golpe más duro llegó en la Libertadores, donde Botafogo quedó eliminado en octavos ante Liga de Quito después de haber ganado 1-0 la ida en Río. Más tarde también cayó en cuartos de la Copa de Brasil frente a Vasco da Gama, mientras que en el campeonato local consiguió levantar sobre el final y cerrar con una larga serie sin derrotas. La sensación, sin embargo, fue ambigua: Davide había demostrado que podía competir, pero no había conseguido que el vigente campeón mantuviera el nivel que se esperaba de él.
Su salida terminó explicando bastante de aquella etapa. La directiva decidió prescindir del preparador físico Luca Guerra, integrante de máxima confianza del italiano, en medio de cuestionamientos internos por la intensidad de los entrenamientos y varias lesiones musculares. Davide pidió que se mantuviera todo su cuerpo técnico y, cuando el club sostuvo la decisión, optó por marcharse pese a tener contrato vigente. Meses después, ya con distancia, resumió aquella experiencia de una manera bastante más cruda: “Después hubo muchos conflictos y yo me quedé muy solo”, contó en una entrevista con L’Équipe.
Davide Ancelotti durante su etapa en Botafogo, su primera experiencia como entrenador principal y el golpe que precedió a su desembarco en Lille.
@Botafogo
La frase ayuda a entender por qué Lille representa algo distinto. En Botafogo, su estreno como jefe quedó atravesado por una estructura inestable, diferencias con la dirigencia y la necesidad de tomar decisiones que durante años había compartido con Carlo. Allí tuvo que gestionar por primera vez un vestuario propio, asumir derrotas sin una figura superior que absorbiera parte de la presión y defender ante la directiva a un cuerpo técnico elegido por él. Más que una consagración, Brasil terminó funcionando como un curso acelerado de todo lo que implica ocupar el primer asiento del banco.
Ahora llega a Francia con ese golpe ya encima y con una segunda oportunidad bastante más limpia para medirlo. Lille no está descubriendo a un entrenador debutante absoluto, sino a uno que ya tuvo una primera caída, salió de ella y empieza a mostrar qué aprendió.
Ethan Mbappé, el arma secreta de Lille y una gestión que retrata a Davide
Hay otro apellido pesado alrededor de este Lille y Davide Ancelotti parece haber encontrado una forma particular de administrarlo. Ethan Mbappé, hermano menor de Kylian, había quedado señalado después de la derrota ante Betis en Champions: una expulsión prematura condicionó al equipo y convirtió al joven francés en uno de los responsables visibles de una noche europea que terminó mal. Ancelotti pudo haberlo apartado durante varios partidos o utilizarlo como ejemplo hacia el vestuario. Eligió otra cosa.
Ante Troyes lo dejó inicialmente en el banco, pero sin convertir la suplencia en castigo público. Cuando llegó el momento de hacerlo ingresar, Ethan se acercó al entrenador y ambos se fundieron en un abrazo antes de que el futbolista pisara el césped. Minutos después, Mbappé marcó el 2-0 que aseguró la victoria y llevó al Lille al liderato de la Ligue 1. La escena fue especialmente celebrada en Francia porque mostró una decisión sencilla pero difícil de ejecutar: exigir una respuesta después del error sin romper al jugador que la debía dar.
Ethan empieza así a transformarse en una pieza especialmente útil para el nuevo técnico. Tiene velocidad, desequilibrio y capacidad para aparecer desde segunda línea, pero todavía atraviesa ese proceso en el que cada equivocación amenaza con pesar más de lo debido por el apellido que lleva. Davide conoce bastante bien esa sensación. Durante años él mismo fue observado primero como el sucesor del ex Milan antes que por sus propias decisiones, y ahora dirige a un futbolista que inevitablemente será comparado con uno de los mejores delanteros del mundo.
Hay algo casi simbólico en esa relación: el hijo de Carlo Ancelotti tratando de sacar lo mejor del hermano de Kylian Mbappé, mientras ambos intentan construir una identidad que no dependa únicamente de sus familias. Por ahora, Lille se beneficia de ese proceso. Ethan respondió con un gol después de su peor noche del curso y Davide encontró, además de tres puntos, otra pequeña prueba de que su liderazgo empieza a sostenerse en decisiones propias.
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