También tuvo participación frecuente en la Champions League, donde sumó 13 apariciones y 700 minutos, aunque sin intervenir directamente en goles. El resto de sus actuaciones se repartieron entre la Copa del Rey y la Supercopa de España, hasta completar una campaña de 46 encuentros en la que jugó mucho, pero pocas veces logró consolidarse como primera elección.
Los números muestran una situación particular: Molina no desapareció de los planes del entrenador, pero perdió el lugar estable que había ocupado durante sus primeras campañas en Madrid. Con contrato hasta junio de 2027 y una competencia cada vez mayor en su posición, la oferta de Roma aparece como una oportunidad para recuperar continuidad y volver a sentirse importante.
Se va uno, se van todos: se desarma la legión argentina del Cholo
La marcha de Nahuel Molina no aparece como una salida aislada, sino como otro golpe a la colonia argentina que Diego Simeone había construido alrededor de su proyecto. Durante el último Mundial, Atlético de Madrid llegó a tener seis representantes en la Selección: Juan Musso, Molina, Nico González, Thiago Almada, Julián Álvarez y Giuliano Simeone, una concentración inédita que reforzaba la identidad albiceleste del vestuario rojiblanco.
La sangría, en realidad, había comenzado antes. Ángel Correa cerró una etapa de más de una década para marcharse a Tigres y Rodrigo De Paul continuó su carrera en Inter Miami, dos despedidas que retiraron del plantel a figuras especialmente cercanas al entrenador y a buena parte del núcleo campeón del mundo.
Ahora el movimiento amenaza con acelerarse. River trabaja para completar el regreso de Thiago Almada, mientras Barcelona realiza un último esfuerzo por Julián Álvarez: Deco viajó a Madrid y se reunió con Fernando Hidalgo, representante del delantero, para encontrar una fórmula capaz de torcer la negativa del Atlético. La operación sigue siendo difícil, pero el simple hecho de que el futuro de su gran estrella permanezca abierto profundiza la sensación de desarme.
Si esas salidas terminan por concretarse, el grupo quedará reducido prácticamente a Juan Musso y Giuliano Simeone, con la continuidad de Nico González todavía pendiente de una negociación con Juventus tras finalizar su cesión. De aquel vestuario lleno de campeones argentinos podría quedar apenas el arquero, el hijo del Cholo y una operación todavía sin resolver.
Se va uno y parece arrastrar al siguiente. Para Simeone, la pérdida no sería solamente deportiva: también golpearía una de las sociedades que había intentado convertir en el corazón competitivo de su equipo. Atlético comienza a reversionarse, pero lo hace mientras se desarma el bloque argentino que durante las últimas temporadas llegó a funcionar casi como un equipo dentro del equipo.
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