La misma lógica se traslada a otro terreno que durante los últimos años había dejado bastante margen a cada futbolista, el de las lesiones. Los jugadores podrán conservar sus preparadores personales, aunque las rehabilitaciones deberán realizarse dentro de Valdebebas, bajo supervisión del Real Madrid y con sesiones de mañana y tarde cuando el cuerpo médico así lo determine. Cualquier tratamiento externo necesitará previamente la autorización del club.
Detrás de todas esas decisiones aparece, en definitiva, una misma intención: que Mourinho vuelva a tener bajo control lo que ocurre puertas adentro. Y ahí aparece inevitablemente otro fantasma de la temporada pasada. En plena crisis, el Madrid llegó a buscar al famoso “topo” que filtraba situaciones internas y Arbeloa habló incluso de una “traición” al club. Con el portugués mucho más encima del día a día, una cadena de mando reforzada y menos espacios librados a decisiones individuales, parece bastante más difícil que Valdebebas vuelva a convertirse en aquel vestuario donde casi todo terminaba trascendiendo.
Mourinho sabía lo que ocurría, pero eligió empezar de cero
Mourinho también dejó algunas pistas sobre esa reconstrucción durante la entrevista que concedió esta semana a Josep Pedrerol en El Chiringuito. Frente al recuerdo de la pelea entre Valverde y Tchouaméni, aseguró haberse encontrado con “un vestuario con muchas ganas de ganar” y especialmente receptivo a lo que él define como sentido común. Hasta ahora, según contó, ni siquiera necesitó recurrir a la versión más autoritaria que tantas veces marcó su carrera. “Ellos me han protegido” de ese Mourinho más agresivo, resumió.
La frase adquiere otro peso cuando se la cruza con algo que confesó en la segunda parte de la charla. El portugués reconoció que seguía desde Lisboa buena parte de los problemas que atravesaban al Real Madrid y que, gracias a la información que llegaba desde El Chiringuito, sabía “al minuto” lo que ocurría en el club. Por eso aterrizó en Valdebebas con una idea bastante clara de lo que podía encontrarse, aunque tomó una decisión deliberada. Quiso conocer muchas cosas antes de asumir, pero una vez dentro prefirió comportarse “como si no supiese nada”.
José Mourinho en Valdebebas, donde empezó a cambiar rutinas, reforzar la disciplina y recuperar el control de un vestuario del Real Madrid que venía de meses muy turbulentos.
Ese punto explica bastante bien su manera de atacar la crisis. Mourinho no llegó señalando públicamente culpables ni desempolvando conflictos de la temporada anterior, sino observando qué respuesta encontraba de los mismos futbolistas que habían protagonizado aquel derrumbe. Por ahora, el diagnóstico que transmite es mucho más optimista. Incluso reconoció que durante el curso seguramente aparecerán problemas, algo que considera normal, pero sostiene que todavía no encontró ninguna situación que lo obligara a endurecer el tono. El famoso Mourinho de la confrontación sigue ahí; simplemente, de momento, el vestuario no le dio motivos para sacarlo.
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