Courtois Thibaut, Belgica WC.
Courtois entrena con Bélgica antes del Mundial 2026, un torneo que podría marcar su despedida de la selección tras años como dueño del arco.
FOTO: DIRK WAEM / BELGA MAG / BELGA VIA AFP
Ese punto no es menor. Bélgica viene de vivir una era dorada con nombres como Kevin De Bruyne, Eden Hazard, Romelu Lukaku, Jan Vertonghen y el propio Courtois, pero esa camada nunca logró transformar su talento en un título de selecciones. Fue tercera en el Mundial 2018, llegó varias veces como candidata y terminó acumulando más frustraciones que coronaciones. Por eso, cuando el arquero habla de “pasar el relevo”, también parece estar cerrando una etapa simbólica de un equipo que prometió muchísimo y que ahora necesita reconstruirse sin quedar atrapado en su propio pasado.
La relación entre Courtois y Bélgica, además, nunca fue completamente lineal. Durante años convivió con una generación marcada por jerarquía y también por tensiones internas, entre ellas el viejo episodio personal con De Bruyne, después de que Caroline Lijnen, expareja del mediocampista, reconociera una relación con el arquero. Aquel conflicto quedó como una herida de vestuario que el seleccionado supo administrar, pero alimentó la sensación de que el grupo belga siempre cargó con más ruido del que mostraba hacia afuera.
A eso se sumó el desgaste más reciente con Domenico Tedesco. Courtois quedó fuera de la Eurocopa 2024 y luego llegó a afirmar que no volvería a jugar con Bélgica mientras el entrenador siguiera en el cargo, en medio de una ruptura de confianza que terminó de tensar su vínculo con la selección. Por eso, cuando ahora habla de dejar el equipo nacional después del Mundial, sus palabras aparecen atravesadas por varias capas: el cuerpo, el calendario, la nueva generación y una historia acumulada de roces. En ese escenario, Bélgica empieza a parecer menos un destino inevitable y más una etapa que Courtois ya se prepara para cerrar.
El plan de Courtois pasa por Real Madrid
La posible salida de Bélgica tiene una explicación que va más allá del calendario internacional. Courtois quiere seguir compitiendo al máximo nivel y, para él, ese lugar sigue siendo Real Madrid. El arquero lo dijo sin vueltas: “Para mí, lo ideal sería poder terminar mi carrera en Madrid”. No suena a frase de compromiso, sino a una declaración de prioridades en una etapa donde cada decisión empieza a tener impacto sobre su físico y su rendimiento.
El belga también habló con naturalidad de su situación contractual. Sabe que en Real Madrid, a partir de cierta edad, las renovaciones suelen moverse año a año, una política que el club blanco aplica incluso con futbolistas importantes. Aun así, se mostró tranquilo: si mantiene su nivel, entiende que una continuidad no debería ser un problema. La confianza no nace solo de su historia, sino de su presente, porque cuando está sano sigue siendo uno de los arqueros más determinantes del mundo.
Pero Courtois también dejó una frase que abre otro debate dentro del club. “En algún momento también tendrán que pensar en un sucesor”, reconoció, mostrando una lucidez poco común para un futbolista que todavía ocupa un lugar central. No está empujando una despedida ni pidiendo que el Madrid mire hacia otro lado, sino aceptando que la portería blanca exige planificación. Su deseo es terminar allí, pero también sabe que en el Bernabéu nadie queda por encima del futuro del equipo.
Thibaut Courtois
En rueda de prensa, Courtois habló sin dramatismo sobre su futuro con Bélgica y dejó claro que su prioridad pasa por seguir compitiendo al máximo nivel en Real Madrid.
FOTO: DIRK WAEM / BELGA MAG / BELGA VIA AFP
Mourinho, el viejo conocido que vuelve a exigirlo
El otro nombre que apareció en la rueda de prensa fue José Mourinho, el entrenador que volverá a cruzarse en el camino de Courtois en Valdebebas. Ambos ya trabajaron juntos en Chelsea, donde ganaron la Premier League y la Copa de la Liga, y el arquero recordó aquella etapa con una mezcla de respeto y humor. “Tuve mis roces ocasionales con Mourinho”, admitió, aunque enseguida aclaró que esa era la manera del portugués de provocarlo y empujarlo a reaccionar.
Courtois contó un ejemplo que pinta bien el método. Mourinho lo dejó en el banco ante Everton después de un partido contra Aston Villa en el que el belga había centrado dos balones desde la banda, una decisión que el propio arquero leyó como una forma de tocarle el orgullo. La respuesta llegó una semana después, cuando volvió contra West Ham y firmó cinco o seis paradas decisivas. Lejos de presentarlo como una herida, Courtois lo usó para explicar el tipo de relación que mantiene con el técnico.
“Mourinho es un entrenador muy directo; yo soy igual”, resumió el arquero. Esa frase puede pesar en el nuevo Real Madrid, porque el belga no solo habla de administrar su cuerpo y pensar en el final de su carrera, sino también de seguir compitiendo bajo un entrenador que exige carácter. Si Bélgica empieza a quedar en segundo plano, el Bernabéu aparece como el lugar elegido para sostener sus últimas grandes noches y cerrar una carrera que ya lo ubica entre los arqueros más importantes de Europa.
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