Por eso la próxima propuesta tendría más de movimiento estratégico que de garantía real. Barcelona quiere demostrar que no abandona a Julián Álvarez, que escucha el deseo del futbolista y que está dispuesto a poner una cifra importante sobre la mesa. Pero también sabe que el Atlético puede usar esa oferta para reforzar su posición, pedir la cláusula o empujar al argentino hacia otro destino, como Arsenal, antes que entregarlo al Camp Nou.
Ahí aparece el factor salarial, otro punto sensible dentro del vestuario culé. El fichaje de Julián no solo exigiría una inversión altísima en traspaso, sino también un contrato acorde a uno de los delanteros más cotizados del mercado. En Barcelona saben que una llegada de ese tamaño podría reabrir conversaciones internas con otros pesos pesados de la plantilla, algo que el club intenta evitar después de años de ajustes, inscripciones complicadas y equilibrios financieros delicados.
La sensación, entonces, es doble. La araña sigue siendo el sueño y Barcelona prepara una nueva ofensiva para no bajarse de la carrera, pero el escenario real empuja al club hacia un plan B. Si el Atlético sostiene el bloqueo, si Cerezo y Gil Marín no aflojan y si la próxima oferta vuelve a ser rechazada, el Barça necesitará tener lista una alternativa capaz de sumar gol, presión y jerarquía sin abrir otra guerra imposible en España.
Oyarzabal, el plan posible que sí encaja en Barcelona
La opción Mikel Oyarzabal aparece como una opcion mucho más terrenal que la de Álvarez, aunque no necesariamente sencilla. El capitán de la Real Sociedad tiene 29 años, contrato hasta el 30 de junio de 2028 y una cláusula de rescisión de 75 millones de euros, mantenida en su última renovación de 2023. Es decir, no sería una operación barata, pero sí se mueve en una escala completamente distinta a la de Julián, por quien el Atlético de Madrid puede seguir remitiéndose a una cláusula de 500 millones y a una guerra institucional con Barcelona.
En lo deportivo, el nombre tiene lógica para Hansi Flick. Oyarzabal puede jugar como delantero centro, segundo punta o desde un costado, entiende el juego asociativo, presiona, tiene gol y conoce a buena parte del núcleo español del Barça por la Selección. Según los datos recogidos por Transfermarkt, la temporada 2025/26 dejó 18 goles y 4 asistencias en 40 partidos oficiales con la Real, con 15 tantos y 4 pases de gol en LaLiga y otros 3 goles en Copa del Rey. No son cifras de estrella mediática, pero sí de atacante fiable, competitivo y preparado para intervenir en partidos grandes.
El momento con España también empuja su candidatura. Oyarzabal llegó al Mundial 2026 en uno de los mejores tramos de su carrera, con goles decisivos en finales y una producción muy alta en la Selección. Tras su irrupción en la Eurocopa 2024 y su continuidad en la Roja, el delantero se consolidó como un perfil de máxima confianza para Luis de la Fuente, capaz de aparecer sin necesitar demasiado volumen de tiros y de mejorar a su equipo desde movimientos inteligentes dentro y fuera del área.
Por eso en Barcelona lo miran como una alternativa de equilibrio. No tendría el impacto global de Julián Álvarez ni el mismo techo de mercado, pero tampoco rompería la estructura salarial ni obligaría al club a entrar en una guerra imposible con el Atlético. En un verano condicionado por el fair play, las inscripciones y el pulso público con Gil Marín, Oyarzabal ofrece algo que el Barça necesita casi tanto como el gol: una operación difícil, pero realizable.
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