Es interesante en este caso debatir: ¿Es más conveniente, para mejorar la calidad de vida, 'inflar' los salarios o promover condiciones para abaratar, en forma genuina, la financiación del consumo y el acceso a la vivienda?
'Inflar' salarios resulta de medidas discrecionales y conflictivas mientras que la financiación accesible del consumo tiene que ver con bajas tasas de inflación que permiten reducir los costos financieros y ampliar plazos de repago.
Sin embargo, para la 'progresía' es más interesante financiar el déficit público con inflación, 'inflar' salarios por decreto y denunciar un complot porque no ocurren inversiones directas.
La 'progresía' -y el sindicalismo, al que nunca le ha importado la inflación- han desviado el debate de lo que sucedió en 1975, simplificando todo en la relación entre Celestino Rodrigo y el por entonces aún poderoso José López Rega, que pujaba por el poder con José Ber Gelbard.
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Juan Perón no confiaba en los economistas y creía que un empresario, José Ber Gelbard, que trajera el apoyo de la 'burguesía nacional' garantizaba la inversión y el éxito. Algo parecido creyó Mauricio Macri cuando asumió en 2015: que con él bastaba.
López Rega, promotor de la Triple A -acompañando el interés de Juan Perón de acabar con los terroristas que declararon la guerra a la democracia con el asesinato de José Ignacio Rucci (el parapolicial 'somatén' famoso en la España franquista que conoció Perón)- fue tolerado por la política hasta el 'Rodrigazo', por temor o por conveniencia. Lo terminaría expulsando Emilio Eduardo Massera con la ayuda de Jacobo Timerman, desde el diario La Opinión, cercano a Gelbard, pero es otra historia.
Es muy fácil afirmar tipo Diego Delfino: "(...) El 'Rodrigazo' fue un asalto al poder –aunque parezca mentira– realizado por la secta Los Caballeros del Fuego, que inspiraba José López Rega (autor de Astrología Esotérica) e integraban Celestino Rodrigo, Ricardo Mansueto Zinn y Pedro Pou, entre otros. (...)".
Pero eso es un cliché de barriacada, ¿qué tiene que ver con el ciclo económico y las malas decisiones anteriores?
El déficit fiscal del Estado argentino había pasado del 4% del PBI a 12% del PBI, en particular por culpa de las empresas públicas. ¿Cómo podía financiarse eso? Nadie lo explica en el ámbito de la 'progresía' y sus compañeros de viaje.
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María Estela Martínez de Perón, encorsetada entre Casildo Herrera y Lorenzo Miguel. Más allá, Ricardo Otero: tren fantasma.
Tonterías
Historiadores varios destacan el supuesto éxito relativo del Pacto Social de 1973, la concertación entre empresarios y trabajadores con una perspectiva de corto plazo que congeló precios y salarios por 2 años, tal como lo había hecho el peronismo en la década del '50, y que no había funcionado.
La estrategia de más largo plazo era el Plan Trienal, que apuntaba a impulsar a las empresas nacionales desde el Estado mediante la inversión pública y el aliento a las exportaciones industriales. El concepto es muy de 2021.
El esquema macro no funcionó porque consideraba una serie de hipótesis sobre el comportamiento de la economía global que no se cumplieron, y se careció de la flexibilidad necesaria en lo doméstico para adaptarse a los nuevos acontecimientos que crecieron con el aumento del precio del petróleo luego de la guerra en Medio Oriente.
En definitiva: la economía requiere de decisiones económicas, no puede subsistir en base al voluntarismo de los políticos.
Lo que advierte Javier Milei es que el problema en 1975 ya era gigantesco por las erradas decisiones anteriores a Celestino Rodrigo, quien en definitiva 'blanqueó' una situación de consecuencias traumáticas.
Con el 'diario del lunes' podría afirmarse que Rodrigo tendría que haber realizado un shock diferente, quizás más cercano al que acompañó el inicio de la Convertibilidad años después, reforma del Estado incluida. O que el grave error de Rodrigo fue su falta de apreciación política: él creyó que el poder de López Rega obligaría a los sindicatos a absorber la correción 'one shot' que había decidido. En verdad, su impericia política ayudó a dinamitar a López Rega.
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Javier Milei: "No digan que no avisé".
El desequilibrio
Sin embargo, desde 1960 a 1974 el déficit fiscal total tuvo una magnitud promedio del 2,7% del PBI, en tanto que la tasa de crecimiento del PBI fue de 4,4%. Pero la tasa inflación había pasado de 13,5% anual en 1970 a 60,3% en 1973 y la única respuesta que se le ocurrió a la política fue un acuerdo de precios y salarios mientras seguía aumentando el déficit fiscal.
Ya en el final de la Revolución Argentina el déficit fiscal y la inflación se dispararon, pero en vez de corregirse esa situación la democracia decidió apostar por el crecimiento antes que por asegurar la estabilidad, cuando no puede haber crecimiento si hay una inflación elevada.
Los ingresos tributarios retrocedieron y aumentó el déficit de las empresas del Estado. Cuando Alfredo Gómez Morales dejó el Ministerio de Economía, el déficit del sector público era de 33% de los gastos. Y la expansión monetaria del M1 era del 4,2% mensual promedio. Además, el gasto cuasi-fiscal había crecido a 4% del PBI.
Algo más: las reservas del Banco Central cayeron durante 1974 y no la política económica hizo 'mutis por el foro'.
Entonces arribó el citado Rodrigo, liberando precios y ajustando la paridad cambiaria pero sin imponer una disciplina fiscal, el 04/06/1975. Desastre, desabastecimiento, inflación, estallido social.
Una economía no puede sostenerse solamente con voluntades políticas. Luego, la redistribución de la riqueza no es una decisión que pueda abstraerse del ciclo económico.
La historia de la 'progresía' enfatiza en el rol del gurú de Rodrigo, Mansueto Ricardo Zinn -años después clave para Franco Macri en la estructura de la ex Sevel, antes de ingresar a la UCeDe-, y una conspiración para bajar el salario real.
La verdad es que el salario nominal puede obedecer a una voluntad política pero el salario real no puede sustraerse de la microeconomía de cada unidad productiva, en un marco general.
Anécdota
En el diario La Prensa del 06/06/1975 se menciona (bajo el título Nuevo Término) que, en la sesión de la Cámara de Diputados del 05/06/1975, el entonces diputado nacional de Vanguardia Federal de Tucumán, Juan Carlos Cárdenas, habló sobre la gestión del ministro Celestino Rodrigo, y calificó a la misma de "Rodrigazo".
Vanguardia Federal era un partido político provincial, de la Provincia de Tucumán, encabezado por Celestino Gelsi, gobernador de la provincia entre 1958 y 1962. En 1984 se fusionó con la Unión Cívica Radical.