Pero él fue, sin duda, protagonista de lo que se conoce como “Campaña del Desierto”, la que le otorgó un gran predicamento. La “cuestión indígena” era la gran preocupación de una sociedad amenazada desde principios de siglo XIX, cuando tribus “araucanas” provenientes de Chile cruzaron los Andes para apropiarse de los ganados de la gran pampa, instalaciones, mujeres e incluso niños. Se fundaron allí “señoríos ecuestres”, sobre los que ya el gobernador Juan Manuel de Rosas tuvo que emprender una violenta reacción de defensa y ataque en 1833. Con la acción decisiva de Roca la Patagonia finalmente se integró -al igual que el “gran Chaco”- al patrimonio geográfico argentino.
El Tratado de Límites con Chile de 1881 complementó el resguardo de las fronteras y su contrapartida legislativa, la ley 1532 de Territorios Nacionales, organizó definitivamente el territorio.El futuro político de Roca, que signó el destino argentino por los siguientes 50 años, fue denominado por él mismo como “Paz y administración”, síntesis del respeto a las leyes, al pasado nacional, pero sobre todo a un futuro anhelado desde 1853. La obra del presidente dejó muchos otros elementos menos conocidos por el gran público, pero tan importantes como su obra política y militar.
Multiplicó por tres la red ferroviaria; creó la ciudad de La Plata y el puerto de Ensenada en 1882; aprobó la construcción de un nuevo puerto para la Ciudad de Buenos Aires -Puerto Madero-, motor de la gran oleada inmigratoria comenzada en 1870. Creó el Peso Moneda Nacional por Ley N°1130, unificando el sistema monetario y permitiendo la emisión de billetes a cuatro bancos aparte del Nacional. En el aspecto económico, multiplicó los ingresos nacionales a partir de las ventas de maíz, trigo, carnes congeladas y enfriadas, a cambio de manufacturas. La Argentina se instaló en el concierto mundial como gran abastecedor de materias primas.
En el aspecto educativo se aplicó el laicismo, separando la Iglesia católica del estado; se sancionó la Ley 1420 de Educación, idea previa del presidente Sarmiento, estableciendo en todo el territorio nacional la educación primaria obligatoria, gratuita y laica; multiplicó las escuelas primarias y normales, duplicando la cantidad de maestros y alumnos. En 1885 promulgó la Ley Estatutos de Universidades Nacionales, fijando los criterios administrativos y respetando las autonomías universitarias, verdadero antecedente de la futura Reforma Universitaria de 1918.
Se fundó la Escuela Superior de Guerra, se estableció el servivio militar obligatorio, se creó la base de Campo de Mayo, se refundó el Regimiento de Granaderos a Caballo y se inició una permanente y fructífera presencia argentina en la Antártida. Se reorganizó el Poder Judicial, la Caja de Jubilaciones y Pensiones, se presentó el Código de Trabajo y la Ley de Residencia; se sancionó el Código Penal, el de Minería, y se organizó la Nueva Capital Federal en la ciudad de Buenos Aires.
Al término de su segundo mandato, al transferir el mando, dijo a su sucesor: “Os transmito el poder, con la República más rica, más fuerte, más vasta, con más crédito y con más amor a la estabilidad y más serenos y halagüeños horizontes que cuando la recibí yo”.
Sería bueno, por fin -y sumamente necesario-, que todos los argentinos, incluídos los intendentes, asuman su responsabilidad ciudadana resguardando las obras de arte que representan nuestro pasado, pero aún más los valores que enarbolan, esos que nos mantienen todavía erguidos. Ese pobre monumento denostado por algunos, cada día más, todos los días mira al lago y nos interpela: “Soy Roca”.
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