En 1954 inició la explotación de minas en San Juan, Boyacá; en 1956 pasó a Buenavista y en 1959 excavó en Peñas Blancas. La buena suerte siempre lo acompañaba: “Por donde pasa Víctor sale una gema”, decían sus compañeros.
Luego, él comenzó a explorar en busca de vetas de esmeralda. A principios de los años '90 obtuvo el monopolio de la explotación de la esmeralda en Boyacá, consolidando su imperio con la firma Tecminas, hoy la comercializadora de esmeraldas más grande de Colombia. En la provincia Boyacá (centro del país), hay calles que fueron bautizadas con su apellido.
Carranza fue famoso por ser propietario de Fura, una esmeralda de 11.000 quilates; y Tena, la esmeralda más valiosa del mundo.
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Víctor Carranza
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Fura y Tena, nombre que se le dio a las esmeraldas, han sido el secreto mejor guardado en Colombia y son tan grandes, hermosas y poderosas, que las 2 suman casi 15.000 de profundo verde fulgor y en cuanto a su precio, sólo se puede decir que no se sabe y que sólo se puede tasar en millones de dólares.
Durante 50 años, Carranza logró sobrevivir a atentados y a guerras entre esmeralderos que se dieron entre los años '70 y '90, conocidas en Colombia como "guerras verdes", y en las que construyó una imagen mítica de hombre invencible, rodeado de enemigos pero también cercano a presidentes y políticos.
Se le asoció en varias ocasiones con el paramilitarismo y con eliminar físicamente a sus competidores en la denominada "Guerra verde", entre ellos el narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano, con quien mantuvo una guerra en la que se estima murieron más de 3.000 personas.
El final
Desde hace un año, los colombianos supieron que el polémico y poderoso empresario Víctor Carranza Niño, conocido como el 'zar de las esmeraldas' o 'el patrón', sufría cáncer de próstata y pulmón con un pésimo pronóstico.
Carranza sobrevivió a atentados de película. Uno ocurrió en marzo de 2010 cuando una caravana de vehículos que lo custodiaba, fue emboscada y atacada con tiros de fusil, granadas y proyectiles.
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Para unos era un hábil hombre de negocios que logró consolidar un poderoso imperio alrededor de la explotación y la comercialización de esmeraldas y quien lideró junto a la Iglesia Católica, un proceso de paz hace ya 22 años.
Monseñor Héctor Gutiérrez, quien lo acompañó en sus últimas horas, afirmó a medios locales que era un hombre de paz.
Pero para otros él fue uno de los señores de la guerra por sus vínculos con grupos paramilitares y por la violencia que protagonizó por décadas para concentrar el poder del negocio de las esmeraldas y miles de hectáreas de tierras, que habría adquirido a través de testaferros y de manera ilegal, en el departamento del Meta, al oriente del país.
2 meses atrás, el gobierno recuperó más de 25.000 hectáreas que formaban parte de su finca El Porvenir.
En el libro, "Víctor Carranza alias 'el Patrón'”, publicado en 2012, los autores Iván Cepeda y el padre Javier Giraldo afirman que el esmeraldero tenía uno de los expedientes “más voluminosos que se puedan encontrar en los archivos de la justicia colombiana”.
En una versión ante la justicia colombiana del ex jefe paramilitar Iván Roberto Duque Gaviria, alias 'Ernesto Báez', en 2012, éste dijo sentirse sorprendido de que a Carranza se le conociera como el 'zar de las esmeraldas', si para él era el 'zar del paramilitarismo'.
“Es la primera vez que lo expreso en mi vida y lo hago por ese compromiso que tengo con la verdad, porque conozco episodios en los cuales el accionar de don Víctor está puesto de manifiesto”, dijo.
10 jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), han afirmado que Carranza financió grupos en diferentes zonas del país y fue uno de los fundadores del paramilitarismo en los Llanos Orientales de Colombia.
En verdad, Carranza fue investigado -sin suerte- por delitos como narcotráfico, secuestro, desaparición de personas, lavados de activos, falso testimonio, financiación de plantaciones ilícitas entre otros.
En 1993, por primera vez la Fiscalía lo investigó por enriquecimiento ilícito y conformación de autodefensas. Luego, en 1997, dictaron orden de captura contra él por ese mismo delito y en 1998 fue acusado del secuestro y asesinato de un empleado del narcotraficante Leónidas Vargas, por lo que estuvo preso tres años, pero fue absuelto en 2004.
Según la investigación de Iván Cepeda, por estos hechos Carranza demandó al Estado que lo reparó con US$ 35.000 al cambio actual.
Fuera de Colombia se abrieron otros procesos contra él. En 2010, el juez Baltazar Garzón le abrió una investigación por narcotráfico y ordenó extraditar a Carraza, orden que fue cancelada 5 meses después. Luego, a finales de 2012, USA lo acusó de facilitar la masacre de Mapiripán, al sur del país, donde murieron 12 personas en octubre de 1997.