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Una niña trabajadora en una hilandería | Foto: Lewis Hines / Cortesía del Archivo Nacional de Estados Unidos
A partir de 1844, comenzaron a proliferar más escuelas gratuitas, como las escuelas benéficas (ragged schools) creadas por Anthony Ashley-Cooper, séptimo conde de Shaftesbury (1801-1885), que enseñaban lectura, escritura y aritmética. Recién en 1870, en Inglaterra, se estableció la educación obligatoria para niños de entre 5 y 12 años.
Sin embargo, "al menos la mitad de los niños nominalmente en edad escolar trabajaban a jornada completa durante la Revolución Industrial" (Horn, 57).
La dura vida de los niños en las fábricas
Entre los siglos XVII y XIX, la Revolución Industrial tuvo un alto costo: el martirio de las infancias. Muchos niños enfermaron de las vías respiratorias, se deformaron las extremedidades o murieron debido a las condiciones insalubres de las fábricas y talleres donde trabajaban.
Con el auge de tales talleres, muchos niños huérfanos urbanos que vivían en workhouses (casas donde se acogía a personas sin recursos, como la que describe Charles Dickens en Oliver Twist) fueron trasladados a las afueras de las grandes ciudades, a suburbios industriales: zonas dominadas por fábricas, donde vivían entre el hollín, la contaminación y el hacinamiento.
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Los niños trabajadores del pasado | GENTILEZA BBC
De eso habló el reverendo Robert Collyer, quien trabajó entre los 8 y los 14 años en una workhouse:
El resultado de todo esto fue que los niños más débiles quedaron tan lisiados que el recuerdo de sus extremidades retorcidas todavía arroja una luz bastante siniestra para mí sobre las Sagradas Escrituras El resultado de todo esto fue que los niños más débiles quedaron tan lisiados que el recuerdo de sus extremidades retorcidas todavía arroja una luz bastante siniestra para mí sobre las Sagradas Escrituras
En ese sentido, aquellos niños y niñas, huérfanos o con familiaspobres, quienes lograron encontrar un trabajo en las fábricas, minas de carbón o en el campo, no estaban protegidos por ningún sindicato —ya que aún no existían— ni por algún tutor que evitara el abuso psicológico o físico por parte de sus empleadores.
La vida laboral comenzaba, en promedio, a los 8 años, aunque hay fotografías que evidencian que muchos empezaban incluso a los 4. Después de jornadas de trabajo de hasta 14 horas, muchos niños y niñas caían rendidos sobre el suelo, y otros terminaban con enfermedades respiratorias por haber aspirado hollín.
En 1905, un sacerdote de Appenzell-Rodas Exteriores, escribió acerca de la vida de estos niños trabajadores, cuya sobrecarga de trabajo los llevaba a "estar cansados, somnolientos, mental y físicamente debilitados. Esto provoca que estén dispersos, distraídos y sin mostrar ningún interés".
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Niña haciendo flores artificiales, alrededor del 1930 | GENTILEZA Annemarie Schwarzenbach / Schweizerische
Debían soportar el tedioso trabajo forzoso y una ronda interminable de amenazas y castigos físicos si no cumplían con la tarea para la que habían sido contratados.
En una encuesta realizada en 1833, se descubrió que el 95% de las tácticas empleadas con los niños obreros eran negativas: el despido inmediato representaba el 58%, solo en el 4% de los casos se recompensaba económicamente un trabajo bien hecho, y apenas en el 1% se concedía un ascenso o aumento de sueldo.
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