"(...) Como decía Felix Frankfurter, un juez de la corte norteamericana a quien admiro tanto como he admirado a Genaro Carrió y a Carmen Argibay, “la Corte no tiene razón de existir si meramente refleja las presiones del momento. Nuestro sistema está construido sobre la fe de que las personas a quienes se ha asignado esta especial función, los jueces, son libres de la influencia de la inmediatez y de las desviaciones de ambiciones mundanas, y serán capaces de adoptar una perspectiva de un alcance mayor al del período de responsabilidad confiado por la Constitución al Congreso y a las legislaturas”. (...)".
Más allá de que Rosenkrantz adhiere a la ignorancia de muchos que confunden "estadounidense" con "norteamericano" tal como si Canadá y México fuesen una parte de Asia, su admiración por Frankfurter es un tema muy delicado porque impacta en la cuestión de la libertad religiosa, que fue el tema de la cita reivindicada por Rosenkrantz.
Una bio
Frankfurter fue un abogado, profesor y jurista nacido en Viena (Austria) pero nacionalizado estadounidense. Él integró la Corte Suprema de Justicia de USA entre 1939 y 1962.
Egresado de la Escuela de Derecho de Harvard (fue editor de Harvard Law Review), Frankfurter trabajó para el secretario de Guerra, Henry L. Stimson, después de la 1ra. Guerra Mundial, ayudó a fundar la American Civil Liberties Union (Unión Estadounidense de Libertades Civiles) y devino en amigo y consejero del presidente Franklin D. Roosevelt.
Frankfurter escribió las opiniones mayoritarias de la Corte Suprema en casos resonantes tales como Minersville School District v. Gobitis.
Y escribió opiniones disidentes en casos notables como Baker v. Carr, la Junta de Educación del Estado de Virginia Occidental v. Barnette.
Frankfurter nació en una familia judía pero se casó con Marion Denman, hija de un pastor protestante, en contra de los deseos de su madre. En verdad, él era un judío no practicante, que consideraba la religión como "un accidente de nacimiento". Marion sufrió frecuentes crisis mentales, y la pareja no tuvo hijos.
Frankfurter y el juez de la Corte Suprema, Louis Brandeis, colaboraron en secreto durante muchos años. Ocurrió que Brandeis afilió a Frankfurter a una sociedad sionista secreta llamada Parushim, luego le aseguró a Frankfurter una posición importante en Harvard a través de Jacob Schiff, y como contrapartida Frankfurter trabajó para Brandeis, también en secreto.
En 1919, Frankfurter fue delegado sionista en la Conferencia de Paz de París.
Siempre cercano a Roosevelt, declinó ingresar al Tribunal Supremo Judicial de Massachusetts y también el cargo de Procurador General. Pero cuando murió el juez del Tribunal Supremo, Benjamin N. Cardozo, Roosevelt le pidió que propusiera reemplazantes, no hubo acuerdo y Frankfurter terminó en la Corte, pese a cierta oposición legislativa que su nominación encontró en el Senado.
Rosenkrantz no mencionó a Oliver Wendell Holmes, Jr., pero éste fue quien más influyó sobre el pensamiento de Frankfurter, quien a menudo lo citaba en sus opiniones.
Frankfurter rechazó la idea de que, como judío, debía "proteger especialmente a las minorías".
Este concepto fue muy importante cuando en 1940 el Tribunal Supremo dictaminó en el caso “Distrito Escolar de Minersville contra Gobitis”, en el que falló que a los niños en edad escolar se les podía exigir que saludaran la bandera.
Fue vergonzoso lo que redactó Frankfurter porque, por un lado, imitó al Nacional Socialismo alemán, que comenzó persiguiendo a los Testigos de Jehová más o menos por lo mismo.
Y luego, porque los Testigos de Jehová se convirtieron en blanco de violencia en todo USA. Inclusive una de sus iglesias (que ellos llaman Salón del Reino), fue quemada, y muchos de los miembros de la iglesia fueron encarcelados o agredidos.
8 de los 9 magistrados estuvieron de acuerdo. Sólo el magistrado Harlan Fiske Stone estuvo en contra.
Pero 2 años después, otros 3 magistrados (Hugo Black, William Orville Douglas y Rourhof Murphy) aprovecharon el proceso “Jones contra Opelika” para dejar en claro que creían errado el fallo del proceso “Gobitis” porque había puesto la libertad religiosa en una posición subordinada. Así, 4 de los 9 de los magistrados apoyaron revocar aquel fallo.
2 de los otros 5 que le habían restado importancia a la libertad religiosa se habían jubilado. Y llegaron 2 magistrados nuevos (Wiley Blount Rutledge y Robert Houghwout Jackson).
Entonces se presentó otro caso acerca del saludo de la bandera ante el Tribunal Supremo. En 1943, en el proceso “Consejo de Enseñanza de West Virginia contra Barnette”, Rutledge y Jackson votaron en favor de la libertad religiosa y en contra del saludo obligatorio a la bandera.
En el caso Barnette, sólo Frankfurter se opuso por escrito, mientras que los jueces Owen Roberts y Stanley Reed disintieron en silencio.
Frankfurter dijo que la Corte estaba sobrepasando sus límites al atacar la ley del estado Virginia Occidental, y que la libertad de religión no permitía a los individuos violar las leyes simplemente por la conciencia religiosa.
Frankfurter decidió recordar su nacimiento como judío: "Quien pertenezca a la minoría más vilipendiada y perseguida de la historia probablemente no será insensible a las libertades garantizadas por nuestra Constitución". Sus colegas Roberts y Frank Murphy consideraron que el párrafo estaba fuera de lugar.
Frankfurter, sin embargo, insistió en que era necesario incluirlo, y agregó: "Si mis actitudes puramente personales fueran relevantes, debería asociarme de todo corazón con los puntos de vista generalmente libertarios en la opinión de la Corte ... Pero como jueces no somos judíos ni gentiles, ni católicos ni agnósticos".
Entonces, con 6 votos a favor y 3 en contra, la Corte Suprema cambió la postura que había adoptado en 5 fallos anteriores (“Gobitis”, “Leoles”, “Hering”, “Gabrielli” y “Johnson”). Fue una enorme y justiciera derrota de Frankfurter.
De alguna manera puede entenderse así la soledad de Rosenkrantz en algunos fallos decisivos de la CSJN argentina.