La amistad con Pilar Franco, hermana del Caudillo, con periodistas y cultores del antimarxismo europeo, ¿no suscita la sospecha acerca de una preferencia ideológica? Raúl Alfonsín y Carlos Menem respetaron la investidura de Isabel Perón. Los demás Presidentes se olvidaron de ella.
En estos días, ante ese vacío, la actual vicepresidenta Victoria Villarruel ha reivindicado a la exPresidenta, tras cambiar de opinión. En 2016, la denigraba. Queda por dilucidar si está procediendo de buena fe o si pretende aprovechar la ingratitud peronista para generar intrigas y posicionarse ante una eventual crisis de gobernabilidad. Curioso. El monumento a Perón fue erigido por un no peronista, Mauricio Macri. En este caso específico, la reivindicación de Isabel la hace una alta funcionaria también no peronista. Asimismo, las muestras de afecto y reconocimiento del papa Francisco apuntan en esa dirección. ¿Y el Partido Justicialista? Bien, gracias.
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Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón.
José López Rega
Pareciera que el Peronismo Doctrina ha quedado en oferta ideológica, expuesto en una mesa de saldos neocoloniales, donde abunda el lenguaje inclusivo y la teoría de género. Tanto sincretismo lógicamente desemboca en un entramado de confusiones irresueltas. La Administración de Isabel Perón contó con el apoyo de la veterana guardia peronista. Por su gabinete inestable desfilaron dirigentes de la primera hora. En 1981, superado el trance del encarcelamiento, nadie debió hacerse el distraído. Pero las miserias humanas prevalecen sobre la grandeza patriótica.
Aunque es cierto que tampoco alcanzó a conducir en la diversidad, Isabel optó por encerrarse en un círculo excluyente –el verticalismo– que en nada la ayudó. Abandonó la propuesta de unidad nacional del restaurante Nino (1972) y se abrazó –con honestidad intelectual, es cierto– a la ortodoxia movimientista. Fue su elección y se hizo cargo. Por tanto, los acontecimientos que le tocó batallar desafiaron su capacidad directiva. Los resultados nunca la favorecieron en el sentido de que ella no pudo, no supo o no quiso buscar soluciones de fondo frente a la agresión del golpismo y la antidemocracia, apelando a los partidos políticos decididos a salvaguardar la institucionalidad, fundamentalmente, el radical, liderado por Ricardo Balbín. Para colmo de males, haberse recostado en José López Rega –expulsado por el propio Peronismo– y en la derecha económica –mentora del trágico Rodrigazo– le provocó un daño irreversible, perdurable en el tiempo, materia prima predilecta de los antiperonistas y excusa perfecta de los peronistas para hacer mutis por el foro, o dejar el campo orégano a los detractores profesionales.
Afirmar que Isabel no es ni fue Perón es una afirmación ladina. Fue la compañera del Conductor, su discípula y heredera en el gobierno de la Nación. Soportó con entereza y dignidad la cárcel dictatorial, denunció en 1979 las violaciones a los derechos humanos y padeció la peor campaña de difamación que una mujer política haya soportado en Argentina. Por eso, la operación de inteligencia que pretende asociarla con el terrorismo de Estado es una canallada. Remitirnos a las conclusiones de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) es mucho más honrado que el revanchismo ideológico. Los militares que ultrajaron a Isabel, los que difundían por los canales oficiales de información las peores calumnias e injurias, no estuvieron en la misma trinchera que ella. Es falso de falsedad absoluta.
Copera, prostituta y cabaretera
¿Quiénes aseveraban que Isabel era la perona, la copera, la prostituta, la cabaretera? ¿Ya nos hemos olvidado de la cantidad de dicterios que favorecieron la justificación del golpe de Estado? Los militares golpistas usaron la lucha antisubversiva que el Peronismo estaba librando dentro de la ley para dejar pegada a Isabel a las monstruosidades cometidas por ellos. Nunca los decretos antisubversivos del gobierno justicialista ampararon o promovieron la tortura y la desaparición de personas. Quedó probado en el Juicio a las Juntas de 1985. El Operativo Independencia fue ordenado por el gobierno constitucional que era atacado por la subversión marxista para voltearlo e implantar una zona liberada con reconocimiento internacional en la provincia de Tucumán. Las ilegalidades en la represión de la guerrilla guevarista corren por cuenta de quienes las llevaron a cabo, pero no era ese ni el espíritu ni el objetivo estratégico de la Presidenta Isabel Perón y del Movimiento Nacional Justicialista.
Ella también fue víctima de militares asesinos, usurpadores del poder popular, entregadores de la soberanía nacional y destructores del aparato productivo. Los salvadores de la Patria y guardia pretoriana del liberalismo oligárquico, recibieron en 1976 una deuda externa de U$S 7.800 millones y se retiraron en 1983, dejando la friolera de más de U$S 45.000 millones. A ella la derrocaron y encarcelaron los antiperonistas más sanguinarios de la historia, que secuestraron y desaparecieron a miles de compatriotas, en nombre de la lucha contra el comunismo internacional, mientras exportaban cereales y carne a la Unión Soviética. ¡Cuántas veces la amenazaron de muerte! ¡Cuántos simulacros de fusilamiento debió padecer! A ella, los jueces de la infamia dictatorial, la condenaron por comprar 200 gramos de jamón crudo con fondos reservados… Y, sin embargo, de contextura frágil, pero sostenida en su Fe, permaneció de pie, aferrada a la doctrina peronista, profundamente humanista y profundamente cristiana.
Por respeto a la verdad histórica, sería conveniente que a Isabel Perón no la utilicen para ninguna maniobra política. Su estilo de vida austero confirma la honorabilidad de su proceder público. Solo percibe una jubilación que por ley le corresponde como exPresidenta y una pensión militar como viuda del General Perón. Si alguien quiere reivindicarla, que lo haga de acuerdo a los hechos, con rigurosidad metodológica en la investigación. Sin apologías fundamentalistas y sin caer en posiciones ideológicas de aquella época, que algunos intelectuales orgánicos del régimen libertario glorifican, menospreciando los crímenes de lesa humanidad y el desencuentro de los argentinos.
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