Espero poder vivir hasta los 80 años. Después querré ir al cielo: esa es mi próxima parada. Espero poder vivir hasta los 80 años. Después querré ir al cielo: esa es mi próxima parada.
El pueblo más cercano, Tashtagol, se encuentra a 250 kilómetros, cerca de la frontera de Mongolia; y únicamente se puede acceder luego de una caminata de dos semanas a pie. Sin embargo, el Covid-19 también llegó allí, y Agafia sobrevivió sin tratamiento, al cual no quiso acceder por motivos religiosos.
Aislamiento estricto
Su familia vivió en el bosque de Siberia 40 años sin contacto con otro ser humano que no sea de la familia. Su economía fue estrictamente de subsistencia. Se cree que en base a cultivos de papas y hortalizas, pesca y los productos obtenidos de la cría de cabras.
Ahora, la mujer se ha mudado gracias a la ayuda de un magnate ruso que le donó una cuantiosa suma de dinero para construirle un nuevo hogar. El inicio de la construcción, una sencilla casa de madera de un piso, según los deseos de Agafia, comenzó en diciembre del año pasado. Debido a la inaccesibilidad de la región, hubo que construir la casa por etapas. Los troncos se trasladaron en tres vehículos y un tractor hasta un centro de recreación junto al río Ada, a 250 kilómetros de la vivienda de Agafia. Desde ahí el material fue transportado en hidrodeslizadores. En total, se necesitaron alrededor de 18 viajes de este tipo, ya que una balsa solo puede llevar una tonelada y media.
Agafia pudo mudarse a su nuevo hogar en marzo, la primera vez que ha dejado la casa de sus padres, construida hace 80 años.
Hoy sólo recibe las visitas de investigadores o periodistas que van a visitarlas. Agafia se niega a mudarse a una ciudad, quiere morir donde murieron sus padres y vivieron casi toda su vida.