De la Rúa
Según la UCR, la historia de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa nace en 1999, cuando la Alianza se compromete a defender la Convertibilidad como eje de la campaña electoral. No es la idea de Urgente24, que sostiene que la caída del gobierno de De la Rúa comenzó el día cuando, con todo el poder, aceptó subir los impuestos para satisfacer a los gobernadores en vez de imponerles que ajustaran sus cuentas, y la concesión fue en nombre de una mal llamada gobernabilidad que llevó a la ingobernabilidad.
Pero sí es la conclusión de Juan Manuel Casella, convencional de la UCR, ex diputado, ex ministro de Trabajo en la presidencia de Raúl Alfonsín, y quien estuvo muy cerca del gobierno de Fernando de la Rúa en los 15 días previos a la caída.
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Juan Manuel Casella, histórico de la UCR, un testigo cercano de la debacle del gobierno de la Alianza cuando se derrumbó la Convertibilidad.
Según Casella, los dirigentes se embarcaron en la aventura aún a sabiendas de que el déficit del Estado tendría que ser cubierto con deuda externa para cumplir con la ley del 1 a 1. O sea que nunca se plantearon cómo recortar el sobregasto, que era muchísimo inferior al actual gasto público.
De todos modos, él destaca la falta de sustento político con la que llegó el gobierno de De la Rúa a la etapa final del estallido de la Convertibilidad, que hubo incapacidad técnica para salir ordenadamente, que estaba en soledad porque la coalición se había quebrado cuando se rompió la Alianza ante la salida de Chacho Álvarez, que el radicalismo no tuvo fuerza y convicción para afrontar sin el socio la crisis que se desataba, que ni siquiera había digerido que llamara a Domingo Cavallo como superministro y, finalmente, que el líder del partido, Raúl Alfonsín, se mostró distante del Presidente desde que el desenlace se veía venir.
Sería ésta una parte de la síntesis de la entrevista que le dio a Urgente 24, “Cachi” Casella, un ejemplar dirigente que a los 80 años, siempre desde su antiguo barrio de Avellaneda, sigue ejerciendo la profesión de abogado y se mantiene activo en la política partidaria, hoy día agitada por el mayor espacio que reclaman las nuevas generaciones de radicales.
Un tema no menor en el relato de Casella es la descripción de la soledad y la propia condición física que hace de De la Rúa, lo cual, según asegura, le impedía ser resolutivo.
El entrevistado relató que en los momentos álgidos le había advertido: “Fernando, el peronismo ha decidido tomar el poder. Puerta es el presidente provisional del Senado”. Dice que perdió la vista en el vacío y su respuesta fue: “Es verdad, pero yo no creo que sea ese propósito”.
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Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa: Una traición en marcha.
Omisiones y acciones
-¿El radicalismo pudo haber evitado el desenlace institucional del 2001?
-Sí y no. Primero, la Argentina durante el gobierno de Menem instauró un régimen que se llamó Convertibilidad. Era una ley que tenía dos artículos fundamentales. El primero aún dice, porque la ley está vigente, que la equivalencia es de 1 a 1 entre pesos y dólares. El segundo artículo, que era importante, decía que el Banco Central tenía que tener en su caja los dólares necesarios para cambiarlos por todos los pesos cuando la gente quisiera cambiar. Por lo tanto, la Argentina tenía la necesidad de contar con una reserva de dólares equivalente a la circulación monetaria. Ese es el primer dato. El segundo es que el Estado era deficitario, por lo tanto, no generaba los recursos necesarios para autofinanciarse. Había que emitir para cubrir el déficit, lo cual todos los meses se agregaba pesos a la masa monetaria. Al principio, Menem lo evitó porque utilizó las divisas de las privatizaciones. Cuando se acabaron se fue endeudando en dólares para respaldar los pesos que había tenido que emitir por el déficit. Déjelo ahí. Punto uno.
-¿Cuál sería el punto 2?
-Campaña electoral de 1999. De Rúa, candidato presidencial. Se hace una reunión en una oficina céntrica, con un grupo importante de dirigentes. Estaba yo entre ellos. Era para analizar qué íbamos a decir sobre la convertibilidad, y la decisión fue decir públicamente que la Unión Cívica Radical la iba a mantener y asumimos ese compromiso. Era para ganar las elecciones porque realmente la sociedad argentina no quería salir de la convertibilidad. Todos estaban acostumbrados al uno y uno. Pero deberíamos tener en cuenta que el telón de fondo era un proceso de déficit público cubierto con endeudamiento externo. De la Rúa gana las elecciones. Yo era diputado nacional, Adalberto Rodríguez Giavarini fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores y me ofrece una embajada en Uruguay y ahí voy de fin del 99 hasta el 2001. Marco esto porque me dio la perspectiva de la lejanía física para analizar lo que pasaba. A medida que el país se iba endeudando, los acreedores externos tomaban conciencia de nuestra incapacidad de repago. Entonces la posibilidad de endeudamiento se fue achicando. El último que se negó a dar un préstamo fue el Fondo Monetario Internacional, que se lo transmitió a De la Rúa, lo cual condenaba a la Convertibilidad al estallido: Argentina dejaba de recibir dólares y no podía respaldar la vigencia de la ley.
-¿Se pudo haber evitado?
-Sí, si hubieran pasado dos cosas: si el radicalismo no se hubiese comprometido a mantener la ley de Convertibilidad para ganar las elecciones, sino que hubiera intentado ganar diciendo públicamente que había que salir de la Convertibilidad porque el espacio se agotaba. Eso hubiera salvado al país de un desastre. O aún no diciéndolo en la campaña, pero salir de la convertibilidad con tiempo suficiente como para impedir la crisis. Ninguna de las dos cosas se hicieron.
-¿El plan Machinea estaba de antemano condenado al fracaso?
-José Luis Machinea estaba convencido de que era posible sostener la Convertibilidad. Y trabajó en ese sentido. La primera ley fue una de reforma impositiva que incrementó ciertos impuestos para sostener el gasto público. Pretendía evitar que se siguiera profundizando el déficit fiscal. Pero no obtuvo el resultado necesario. Renuncia Machinea y nombran ministro de Economía a Ricardo López Murphy. Anuncia la puesta en marcha de un programa de ajuste y a los 15 días tiene que renunciar porque la sociedad lo rechazó absolutamente. El Presidente de la República queda desguarnecido y sin posibilidad de hacerlo seguir. De modo que lo convoca a Cavallo. Pero Cavallo no sale de la Convertibilidad. Hace un viaje a Alemania donde vuelve con la sensación de que no tiene espacio para salir, y a De la Rúa le explota la Convertibilidad en las manos.
-¿Tuvo que ver la ruptura política que hubo con la Alianza en el desencadenamiento de la crisis financiera del 2001?
-Sí, agravó la situación, pero tuvo poco que ver con el estallido de la Convertibilidad. La ruptura se trató de una maniobra de Chacho Álvarez, digamos así, a mi criterio (y además me respaldo en que lo dijo públicamente Graciela Fernández Meijide), quiso diferenciarse y pensó que renunciando iba a provocar un efecto cascada, tras el cual se iba a volver muy popular. Se va cuando empieza a percibir que había problemas económicos que no se resolvían y su alejamiento debilitó políticamente al Presidente. Lo dejó solo. Eliminó el sustento político que era la Alianza, que quedó rota. A tal punto, que toda la plana mayor del Frente Grande terminó pasándose al kirchnerismo.
-¿Cómo reaccionó la UCR ante esa crisis en la coalición de gobierno?
-El partido, digamos en términos emocionales, nunca se comprometió demasiado. Nunca lo vio a De la Rúa como a Alfonsín. Con Alfonsín, el partido tuvo una identificación espiritual muy fuerte; con De la Rúa, lo aceptaban, incluso algunos lo admiraban, pero nunca tuvieron esa impronta de defensa que tenían con Alfonsín. De la Rúa era un hombre muy inteligente, que se había preparado para ser Presidente de República, pero tuvo un problema de salud que lo llevó a tener lentitud falta de decisión ejecutiva. Tenía problemas en la toma de decisiones. Me consta porque esa limitación era notoria cuando hablaba con él.
¿De algún modo Alfonsín le bajó el pulgar a De la Rúa?
-Alfonsín era distante de De la Rúa presidente. Fue distante de la salida. Hay muchos correligionarios míos que dicen que se 'empatotó' con Duhalde para echarlo.
-Fue lo que también dijo el propio Duhalde…
-No, no dice que era para echar De la Rúa. Lo que buscaron era sostener el sistema. En la caída, De la Rúa podía arrastrar el sistema completo. Y, en realidad, lo consiguieron. Se produjo la gran crisis del 2001 sin que hubiera afección sistémica, sin que la democracia se cayera. Alfonsín estaba distanciado de De la Rúa, porque eran dos polos distintos dentro del partido. No se olvide que De la Rúa enfrenta en la interna a Alfonsín cuando era candidato a Presidente en el 82. La fórmula era De la Rúa-Perette, en contra de Alfonsín-Martínez. De modo que no había una relación tan mala entre ellos.
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Los gestos lo dicen todo sobre lo distantes que eran el presidente De la Rúa y el ex presidente Raúl Alfonsín, quien tomó distancia en plena crisis de la Convertibilidad.
El peronismo se une tras el poder
-Con el peronismo esperando la caída de De la Rúa, ¿Alfonsín no podría haber hecho algo más para sostener el gobierno?
-El peronismo, saben, es un conjunto político cuyo objetivo central es el poder. Lo que lo mantiene unido es que todos buscan el poder. Después, cuando lo consiguen pueden estallar, como ya lo hicieron. Pero el peronismo adoptó una actitud de desapego frente al compromiso que tenía en el país y, además, decidió que el presidente provisional del Senado fuera Ramón Puerta, hecho inédito en la política argentina, porque siempre el presidente provisional del Senado fue del mismo partido que gobernaba, por ser el sucesor en el día que no estuviera el Presidente.
-¿Alguien alertó a De la Rúa de esa jugada?
-Me encontré con él en la Casa de Gobierno cuando ya se estaba previendo la crisis. Yo era vicepresidente del Comité Nacional y el presidente era Ángel Rozas, que gobernaba el Chaco. Me llama a Montevideo y me dice: “Venite, porque no puedo estar en Buenos Aires siendo gobernador del Chaco, tengo que quedarme acá”. Así fue como vine y participé en los últimos 15 días del gobierno de De la Rúa. Estuvimos frente a frente y le advertí: “Fernando, el peronismo ha decidido tomar el poder. Puerta es el presidente provisional del Senado”. Se queda mirándome como a lo lejos y me dice: “Es verdad pero yo no creo que sea ese propósito”. Estaba desubicado frente a los problemas.
-El peronismo, que era oposición, podría estar preparándose para la caída de De la Rúa. Pero por qué el radicalismo, que estaba en el gobierno, no salió en su defensa?
-Digámoslo de este modo: el radicalismo no tuvo la suficiente fuerza como para sostener el gobierno. Pero, entre usted y yo, el partido se quedó paralizado, no encontraba la salida. Otro detalle importante, casi me olvidaba: Cavallo ministro de Economía. Y eso, para el radicalismo, fue como una patada en los testículos (lo dice en otros términos). Fue un recurso de última instancia de De la Rúa, pero significó otro paso que lo alejó del partido. Porque nos vivíamos peleando con Menem, con Cavallo, ¿y ahora era ministro nuestro? Por eso fue poco comprensible. Influyó.
-¿En qué se parecía esa relación gobierno-oposición con la que había cuando a Alfonsín también le estalla la hiperinflación?
-El peronismo, cuando Alfonsín estaba en el gobierno, lo había mandado a Cavallo a Estados Unidos a decir que no le dieran plata y que, si lo hacían, el peronismo iba a interpretar que era una intromisión en los asuntos internos del país. Por eso digo que cuando el peronismo quiere llegar al gobierno se vuelve cruel, no tiene una visión del interés colectivo, sí del partidario. Pero, de todos modos, una cosa era De la Rúa y otra Alfonsín, que era el padre de la democracia, de los derechos humanos, el juicio a la junta militar. Tenía más sustento emocional y político. De la Rúa llega muy agotado al 2001, muy desguarnecido.
-¿Qué le hizo creer a De la Rúa que valdría la pena echarse al partido en contra para llamar a Cavallo?
-Hacía tiempo, antes de todo eso, que ya había gente en el gobierno que quería traer a Cavallo de ministro. Uno de estos, paradójicamente, era Chacho Álvarez, que se lo pedía a De la Rúa.
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El día cuando Fernando De la Rúa le entregó la cabeza de Ricardo López Murphy a Leopoldo Moreau y Federico Storani, terminó su Gobierno. El resto fue por añadidura. La estupidez de la UCR en consentir eso fue mayúscula.
-¿Cuán cierto es lo que Cavallo decía, y ratificó ahora, de que hubo un golpe de Estado, como también denunció De la Rúa?
-Hubo gente que intentó aprovecharse de esta situación. Seguramente el aparato peronista, en general, incitó a la movilización. No tengo dudas de que el 19 y 20 de diciembre en plaza de Mayo fueron promovidos por sectores del peronismo de Buenos Aires, básicamente. Pero más allá de que hubiera actores que intentaron beneficiarse con la crisis y aún profundizarla, creo que la cuestión no pasa por si hubo o no golpe de Estado, sino por el estallido de la Convertibilidad.
-Que le hayan soltado la mano a Machinea se entiende, no era radical; Cavallo menos, pero López Murphy… ¿Por qué siendo correligionario el partido tampoco lo apoyó?
-Era de la escuela de Chicago, es decir, ortodoxia económica, e intentó aplicar un plan de ajuste que incluía el presupuesto universitario. Y ahí hubo una reacción dura, que lo arrastró. A ningún dirigente político le gusta presidir el ajuste, eso está claro.
-¿Sería lo que está sucediendo hoy con el peronismo?
-Más bien, lo que sucede hoy es la demostración de la existencia de una pérdida de calidad de la dirigencia política argentina. Porque hoy ya no hay ni Alfonsín ni De la Rúa. No lo digo despectivamente. Alfonsín fue un dirigente excepcional, De la Rúa fue un buen dirigente, pero no excepcional. Pero ahora no hay ni excepcionales, ni buenos, incluyendo al radicalismo claramente. Lamentablemente el problema está dentro del sistema político argentino.
-¿Es por eso que, tras haber ganado en el medio término como opositores, Juntos se haya puesto a discutir los espacios internos con vistas al 2023?
-Ganar como opositores implica administrar los dos años de acá al 2023 para volver a ganar en las presidenciales. Y estas peleas internas que tenemos son un error total, porque dejan la sensación a la sociedad de que se disputan carguitos y que se pierde de vista el objetivo de ganar.