En diciembre de 1823, San Martín llegó a Buenos Aires y se hospedó en una quinta de la familia Escalada en el antiguo partido de San José de Flores (hoy Parque de los Patricios). Se le atribuyeron proyectos y ambiciones que no eran ciertas.
En febrero de 1824, harto, San Martín decidió viajar a Europa con el argumento de lograr para su hija Mercedes una educación escolar esmerada. San Martín esperaba regresar, según le escribió ya instalado en el buque Le Bayonnais a su compadre, el coronel Federico Brandsen: "Dentro de una hora parto para Europa con el objeto de acompañar a mi hija para ponerla en un colegio en aquel país y regresaré a nuestro país en todo el presente año, o antes si los soberanos de Europa intentan disponer de nuestra suerte".
Él pasó por Londres pero fijó su domicilio en Bruselas.
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José de San Martín en su vejez.
A fines de 1828, con Mercedes en un colegio de Bruselas, San Martín decidió regresar a Ciudad de Buenos Aires porque tenía temas económicos que resolver. Al pasar por Río de Janeiro tuvo noticias del levantamiento del general Juan Lavalle, su antiguo subordinado, y del fusilamiento del gobernador legítimo, coronel Manuel Dorrego.
San Martín no desembarcó del buque Countess of Chichester, y permaneció en Montevideo, donde llegaron delegados del general Lavalle para ofrecerle el mando de la provincia de Buenos Aires.
San Martín rechazó y le escribió una carta a Lavalle en favor de la paz:
Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame usted, general, le haga una sola reflexión, a saber: que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según su verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses, en la situación en que usted se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país le servirá de un consuelo inalterable, sea cual fuere el resultado de la contienda en que se halle usted empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás sino de uno mismo. Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame usted, general, le haga una sola reflexión, a saber: que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según su verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses, en la situación en que usted se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país le servirá de un consuelo inalterable, sea cual fuere el resultado de la contienda en que se halle usted empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás sino de uno mismo.
En abril de 1829, San Martín embarcó de regreso a Bruselas, pasando por Inglaterra y Francia.
Tal como le escribió alguna vez a su amigo Tomás Guido:
Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano. Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano.
A fines de 1830, San Martín y su hija dejaron Bruselas y se instalaron a 13 kilómetros de París. En Europa había una epidemia de cólera, padre e hija estuvieron infectados pero lograron reponerse.
Casa del General San Martín en Boulogne Sur Mer
En diciembre de 1832, Mercedes contrajo matrimonio con Mariano Balcarce, joven porteño que residía en Europa.
San Martín le escribió a la madre de su futuro yerno, exhibiendo sus objetivos y valores:
La educación que Mercedes ha recibido bajo mi vista no ha tenido por objeto formar de ella lo que se llama una dama de gran tono, pero sí el de hacer una tierna madre y buena esposa; con esta base, y las recomendaciones que adornan a su hijo de usted, podemos prometernos que estos jóvenes sean felices, que es a lo que aspiro. La educación que Mercedes ha recibido bajo mi vista no ha tenido por objeto formar de ella lo que se llama una dama de gran tono, pero sí el de hacer una tierna madre y buena esposa; con esta base, y las recomendaciones que adornan a su hijo de usted, podemos prometernos que estos jóvenes sean felices, que es a lo que aspiro.
La gran pregunta: ¿de qué vivía San Martín? ¿Cómo pagaba sus gastos?
Ahí aparece en la historia Alejandro María de Aguado y Remírez de Estenoz, marqués de las Marismas del Guadalquivir.
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Alejandro María de Aguado y Remírez de Estenoz, marqués de las Marismas del Guadalquivir.
El amigo
Pedro Luis Barcia presentó así al "amigo y protector":
"En Buenos Aires, una bonita calle de un elegante barrio ostenta el nombre de Sevilla. En la misma zona, otra calle lleva el rótulo de Alejandro María Aguado. Y también cerca, hay un monumento en homenaje de gratitud a ese personaje sevillano, primer marqués de las Marismas del Guadalquivir. También el Museo Histórico de Cuyo, en Mendoza, conserva un retrato de Aguado con la Giralda al fondo. Y en los libros: también en los libros de historia el prócer más venerado de Argentina, el general José de San Martín, aparece inexcusablemente vinculado a Alejandro María Aguado y Ramírez de Estenoz. Lo que significa que este sevillano, emparentado con los Bucarelli, figura en la historia argentina de forma relevante e inolvidable. Así España y Argentina poseen una razón más para su unidad; así Sevilla es, una vez más, el lazo que abraza a la Hispanidad. La fama de la amistad entre Aguado y San Martín se proclamaba de nuevo cuando la Organización de Estados Americanos editaba una obra en 1978 con motivo del bicentenario del nacimiento de San Martín, y en la portada reproducía un óleo en que se muestra en primer plano al caudillo de los Andes, y a su lado a su protector, en un gesto expresivo de la relación entre ambos y de la filantropía del marqués. Todo esto refleja la importancia que Aguado tuvo en el exilio del caudillo de la independencia suramericana. San Martín mismo lo explica en una carta diciendo de Aguado: "mi bienhechor [...] a quien le soy deudor de no haber muerto en un hospital de resultas de mi larga enfermedad". Tanto Aguado como San Martín pertenecen a la generación postilustrada, de la que también forman parte Simón Bolívar y Andrés Bello."
Aguado tenía entre sus antepasados judíos portugueses, pero fue suya la notable capacidad para los negocios. Si bien fue compañero de armas de San Martín en España contra las tropas de Napoleón Bonaparte, cuando los franceses tomaron Sevilla, él terminó de edecán del Estado Mayor del mariscal Jean de Dieu Soult, quien lo habilitó para el negocio de proveedor del Ejército.
Cuando Aguado se afincó en Francia, Aguado multiplicó su dinero como importador/exportador, más tarde ingresó al negocio de la Bolsa de París y él se asoció con 3 notables banqueros de origen judío, Achille Fould y Émile e Isaac Pereire.
Aguado fue muy hábil para refinanciar las deudas de España, en especial las obligaciones financieras con el Reino Unido, Francia y Holanda. Aguado impidió el default español y por eso se le otorgó el título de marqués de las Marismas del Guadalquivir aunque él era considerado “el hombre más rico de Francia”.
Aguado murió de un fulminante ataque de apoplejía en 1842. Pero en 1830, cuando San Martín regresó a Bruselas, lo designó su albacea testamentario y tutor de sus hijos, y heredero de todas sus alhajas y condecoraciones personales.
Aguado introdujo a su mundo en el que financiaba la Ópera de París y el Teatro de los Italianos, creó revistas -como la Revue de Paris- y diarios -como Le Constitutionnel-, presidió el Ateneo de París, y creó la más importante colección privada de arte de Francia.
El Estado argentino no se ocupó de San Martín tal como lo hizo el banquero Aguado.
En septiembre de 1842, José de San Martín le escribía al general Guillermo Miller:
Mi suerte se halla mejorada, y esta mejora es debida al amigo que acabo de perder, al señor Aguado, al que, aun después de su muerte, ha querido demostrarme los sentimientos de la sincera amistad que me profesaba, poniéndome a cubierto de la indigencia. Mi suerte se halla mejorada, y esta mejora es debida al amigo que acabo de perder, al señor Aguado, al que, aun después de su muerte, ha querido demostrarme los sentimientos de la sincera amistad que me profesaba, poniéndome a cubierto de la indigencia.